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A lo largo de la historia de la humanidad han existido subculturas que decidieron  distinguirse del resto de la sociedad siguiendo determinados convencionalismos políticos y/o sociales, por ejemplo los beatniks, los hippies, los punks, los goths (en los 50, 60, 70 y 80 respectivamente). Todos éstos grupos tuvieron orígenes de acuerdo a un contexto histórico-social y destacaron debido al considerable número de personas que los conformaron.

Respecto a éstas subculturas surge un hecho natural, con el paso del tiempo los grupos comienzan a transformarse. Los ideales se vuelven obsoletos, el contexto histórico social y demográfico se transforma. A causa de ésto tenemos a  un neo-nazi con razgos étcnicos zapotecas en el centro de la Ciudad de Puebla. –Lo comento porque un servidor lo vio-

Lo más probable es que casos como el anterior sean únicamente gente que utiliza un disfraz, un modo de ser que les permita ser diferentes al resto de sus cuates. No voy a discutir el hecho de que el ser humano siempre busca destacar del grupo, pero algunas personas buscan diferenciarse en afán de pertenecer, de ser aceptados. De tener un reflector aún cuando se auto-nombren “el raro” de la clase, el rockero, el darketo, el fresa etc.

Lo mismo ocurre en la música, en ciertos seguidores de bandas indie que ni siquiera saben el origen del termino e incorporan las canciones de dichas bandas en sus reproductores de música simplemente para sentirse diferentes. Quieren hacer notar al resto de sus compañeros que no siguen el mainstream  dicho de otro modo: la música comercial que proponen los medios de comunicación. Lo malo es que en el momento en que tienen oportunidad de hacer crítica de la música salen a relucir una serie de incoherencias dignas de un político de segunda.



Cuánta gente no se unió al #Yosoy132 por  moda, porque sus compañeros de escuela fueron a las marchas. Que conveniente que las marchas se hicieran en periodo vacacional y que raro que el movieminto perdió intensidad ahora que acabaron las campañas.

En fin, situaciones de ejemplo hay muchas, el punto es no imitar gustos por buscar aceptación. Vale más  la opinión de un fan convencido del genio incomparable de Los Temerarios que alguien que sube a su lista de reproducción una rola de los Acid House Kings sólo para tener tema de conversación.

El gusto por la música, el cine, la fotografía y la literatura es un proceso individual y de continua mejora. No debemos auto-etiquetarnos porque nos vuelve pobres en ideas y nos impide explorar cosas distintas. Es válido que una misma persona guste  ir a un baile de los Tigres del Norte, leer a Nietzsche y vestir camisas góticas.

Estar abiertos de todo tipo de expresiones humanas nos enriquece como personas, estar dispuestos a adoptar las normas de una sub-cultura ó tribu urbana, cualquiera que sea, nos limita más en el conocimiento y goce real de dichas expresiones.

 

 

 

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