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Prometo que no habrá spoilers. Después de ver Prometheus, anunciada por mucha gente en Facebook y Twitter como una gran película a la par de aquellos que la clasifican como «prescindible» por decir lo menos, a uno lo asalta la duda: ¿Qué genera tanta división entre los espectadores de la película? Creo que la pregunta se responde fácilmente si tomamos en cuenta la experiencia de los diferentes críticos, pero más allá de eso, hay en Prometheus ciertas ideas y supuestos que a la vez que la hacen ver anticuada, también la hacen muy atractiva para otros. Con anticuada quiero decir que la idea que la mueve es profundamente tradicional, en el sentido de que se trata de científicos en busca de la verdad; alguna verdad relevante pero cuya relevancia no es del todo convincente y su sacrificio (su grado de heroísmo) tampoco es suficiente como para generar personajes de estatura. Pero creo que es justo por eso que es tan atractiva para muchos, sobretodo de ideas conservadoras.

Me explico. Comparándola con un adversario histórico y natural, por ejemplo Avatar de james Cameron, el espectador de Prometheus no tiene que transformar su visión para participar en los roles presentados por la película. Quien ve Avatar se pone en los zapatos de Sully y descubre y entiende a los na’ vi; queda claro que hay dos bandos con visiones del mundo completamente diferentes, que están chocando, y que no tienen necesariamente que ver con su condición como humanos o na’ vi. Sin embargo, en Prometheus no existen cosmovisiones en conflicto, las razas diferentes a la humana son presentadas como criaturas hostiles, acaso salvajes, que se contraponen a los humanos, tan conscientes y movidos por preguntas que supondrían un conflicto cuya relevancia es cuestionada y no convence.

Entonces se activa una lógica de videojuego o de película de horror convencional (si ya sé que el director es Ridley Scott) y todo se simplifica hasta el punto en que todo aquello dicho en la primera mitad de la película no termina por atarse a nada en particular. Al androide lo asalta un instinto de supervivencia, la heroína la sabemos cristiana sólo por un dije que porta aunque actúa sin ninguna clase de religiosidad y… me detengo porque prometí no contar la película. Me imagino yo que esta científica religiosa de dientes para afuera representa a muchos en la actualidad. En fin, si quieren saber de una historia mucho mejor lograda y de temática parecida, les recomiendo ir con su librero de confianza y pedir Frankestein, el Prometeo moderno, de la señora Shelley.





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