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La pregunta es muy frecuente hacia los músicos pero además  entre los músicos mismos. Por supuesto que hay consideraciones técnicas a tener en mente: pulso, estructura, armonía, melodía, escalas o modos posibles que pudieran utilizarse a manera de adorno o de solo de instrumento.

Esto último es elemental para que lo que se toque tenga sentido de orden a quien escucha. Tengo que admitir que en determinados géneros o momentos musicales es válido partir del caos pero vamos a quedarnos por ahora en el esquema convencional.

Para los músicos, la técnica no es lo único que debe ocupar nuestra mente mientras estamos en medio de una interpretación. Existen diferentes “trucos mentales” de los que vale un artista para expresar diferentes cosas.

En alguna entrevista Carlos Santana comentó que viajaba a distintos lugares al momento de hacer un solo: iba a lugares exóticos como Yucatán o por momentos peinaba el cabello de su hija.

Pasemos de artistas a estilos musicales. Hay algunos estilos cuya naturaleza misma evoca cierta tristeza o nostalgia, por ejemplo la música celta o determinados tipos de blues. En ese caso es la música la que evoca el sentimiento en el ejecutante.

Finalmente tenemos el caso más tradicional que puede servir como vehículo para el viaje mental. Es decir, el mensaje implícito en la letra de la canción. ¿Quién no durante su adolescencia eligió ciertos temas musicales para identificarse con su pareja o persona de quien estaba enamorado?  -¡Qué siga sonando ese mariachi!- grita más de uno en una cantina mientras llora a su antigua amada.

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Estos estados mentales son muy importantes para quien quiera expresar algo a través de su música. ¿Qué hay sin embargo del oyente?, el que escucha también viaja. Hay dos tipos de viaje mental: concreto y abstracto. El viaje abstracto es aquel que no pone alguna imagen en específico en nuestra mente, simplemente despierta en el que escucha una sensación que puede ser: alegría, tristeza, ira, desconcierto, etcétera, etcétera. Eso lo sabemos hasta el cansancio.

El viaje concreto es aquel que permite desglosar una historia conforme pasa la canción, muchas veces la historia poco tiene que ver con la letra o música del tema pero se relaciona con algo que nos sucedió recientemente. Por ejemplo, si la rola nos pone contentos tendemos a asociarlo con un momento alegre del día: cuando te sonrió una chica guapa a la que mirabas en el autobús, cuando te dieron un aumento en la quincena o recibiste un obsequio inesperado. Cada lector sabrá a que me refiero con esto.

Hay algunos escuchas más “locos” que conforme la pieza transcurre ellos ya idearon su próxima novela o desarrollaron un planteamiento matemático.

El último caso de viaje mental a través de la música es la asociación de eventos vividos mientras se escuchaba de fondo algún tema. Ejemplos típicos: “Besando a una chica”.”Echando desmadre con los cuates en el bar”.”Una sana conversación filosófica”. En estos casos relacionamos inconscientemente la música con nuestro instante de bienestar.

El resultado de esto al final del día es que muchas veces  esa canción, la que ponemos una y otra vez y la mostramos a los amigos. Es una canción que no tiene mucho valor en lo musical, a pesar de esto la aquilatamos porque nos devuelve de manera inconsciente esa felicidad vivida en determinado momento. He aquí otras razones por las cuales la música es inherente al ser humano.





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