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Uno de los temas recurrentes respecto al estado actual de la industria musical en el entorno tecnológico es el valor de la música. Si nos remitimos estrictamente a los números, las cifras son apabullantes: Según el estudio Music 360 elaborado por la firma Nielsen en 2012, de los $38 billones de dólares que generaba la venta de música a finales de los 90 hoy sólo se perciben  $16,5  billones de dólares por año.

La creencia popular es que la devaluación de la música se debe a la piratería y al cambio de hábitos del consumidor derivados del avance tecnológico, el advenimiento del formato digital y el uso generalizado de internet. Según Nielsen, hoy en día  el 64% de los jóvenes consumen música a través de Youtube y se han acostumbrado a plataformas de acceso gratuito y portátiles como Spotify , RdioDeezer.

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En los últimos años, la experiencia musical en internet  destaca dos factores fundamentales en el comportamiento de los usuarios: El tiempo de atención y la interacción social. Gracias a la proliferación e las redes sociales y la portabilidad de la música, hoy en día la experiencia de escuchar música esta estrechamente ligada a la interacción con otros usuarios y los propios autores. Según el estudio anteriormente mencionado, hasta 2010, el usuario promedio de internet pasaba 2 horas y 31 minutos escuchando música en formatos digitales.

Aunque hoy en día la gente escucha más música que nunca, la percepción del consumidor sobre el valor de la música en formato digital es muy baja. Cada día se descargan miles de horas de grabaciones en formato digital de manera ilegal que en el mejor de los casos se escucha una sola vez  y después elimina de forma indiscriminada.

 

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Evidentemente este tipo de prácticas demerita la percepción sobre el valor comercial de la música. Las nuevas generaciones crecen con la percepción de que la música es gratis por naturaleza y que debe estar disponible en el momento que la necesiten sin un costo económico.

Pese a todo, la mayoría de los consumidores reconocen que la música aporta un valor emocional a su vida y están dispuestos a pagar si la experiencia de escuchar música se enriquece con un beneficio adicional. Acceso a merchandising exclusivo, ediciones limitadas o experiencias personales con el artista en convivencias personales, foros o charla vía skype son algunas fórmulas que las disqueras están implementando para añadirle un valor adicional que revaloriza la música.

Según los expertos en Nielsen, si la mayoría de las disqueras transnacionales y los sellos independientes implementaran este tipo de experiencias el valor anual de la música podría crecer a $450 millions de dólares anuales.





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