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Hace algunas semanas en una red social un integrante de Resonancia Magazine nos mostraba un artículo que escribió sobre la historia del público de conciertos en México, un asunto que de entrada marca una discusión con una clara diferencia de tiempos, épocas y espacios que podría llevar varias horas, tal vez días.


La verdad es que no importa cuántas anécdotas platiquemos, que mostremos la prueba fidedigna del oído perdido con tantos decibeles, no es lo mismo el recuerdo del hoyo funky y la obligada redada, el olor a libros y café del Ágora, el sudor escurriendo del techo del Rock Stock, el trompo de tacos al pastor en el primer concierto de Bauhaus o el extremo orden del Auditorio Nacional, son épocas sin nivel de comparación.

Los antecedentes de los cuerpos de (in)seguridad son realmente curiosos, sólo ha tenido que ser vigilado el orden en lo que se refiere a conciertos de rock y sus vertientes, en otros géneros como el jazz, blues, world music y pop (bueno en éste caso sólo se necesita un legión de enfermeras para atender a las múltiples desmayadas), no se han presentado el tipo de tragedias que ha habido en el rock, donde el calor de los ánimos, la inmensidad de gente, el abuso del alcohol (no es censura, de vez en cuando aliviana un litro de cerveza mientras te rebota la cabeza con la pésima sonorización), estampidas masivas y otros agentes que elevan el espíritu, han dejando varios saldos rojos en la historia.


En un principio no fueron necesarios los cuerpos de seguridad en los conciertos, ya que la capacidad de los recintos donde se realizaban no se comparaba en nada con los grandes estadios a los que estamos acostumbrados actualmente; en todo caso sólo eran necesarios unos cuantos guaruras para proteger a cantantes como Elvis Presley, a quien sus legiones de fans lo asediaban en cualquier lugar en donde se presentaba, aunque los foros pequeños no evitaron estampidas como la de un concierto de The Who en Cincinnati, donde fallecieron aplastadas 11 personas.


Uno de los primeros conciertos en los que claramente se puede observar el resguardo de la policía es la primera presentación de los Beatles en los Estados Unidos en el Shea Stadium de Nueva York en 1966 ante más de 55,600 personas, entre ellas muchas mujeres histéricas. Los integrantes del grupo en realidad se encontraban muy lejos de sus seguidores, ya que estaban en el centro del campo rodeados por un gran cerco de policías, aislados completamente de las gradas donde se encontraba el eufórico público, que en realidad no escuchó ni vio nada de la presentación.


A finales de los 60 se buscó llegar a un público mucho más grande, por lo que la seguridad tuvo que incrementarse, pero todavía no se acercaba a nada de lo que conocemos. Ejemplo de esto fueron el Monterey Pop Festival en 1967 y en el Festival de Woodstock en 1969, que podemos catalogar como los primeros conciertos de gran envergadura (tanto en la cantidad de asistentes como en el número de grupos y solistas participantes).


En ambos casos un pequeño grupo de policías trató de hacerse cargo de la seguridad, sin embargo la gran cantidad de personas que asistieron a ambos eventos impidió que el orden se mantuviera del todo, por lo que algunas personas del público se organizaron para cuidar unos de otros bajo el espíritu de “amor y paz”. Los saldos no fueron totalmente blancos, en ambos eventos las drogas y el alcohol circularon en cantidades industriales provocando algunos enfrentamientos sin importancia.


El festival que hizo pensar a los organizadores en crear elementos profesionales fue el que realizaron los Rolling Stones en Altamont en 1969, quienes siguiendo la sugerencia de The Grateful Dead contrataron a los Hell’s Angels, la más famosa legión de motociclistas del mundo, para hacerse cargo de la sguridad. Los incidentes de éste concierto hicieron historia, cuando los Stones subieron al escenario, el público y los improvisados guardias de seguridad ya se habían enfrentado múltiples veces. Cuando Mick Jagger cantaba Simpathy For The Devil una persona del público recibió una certera puñalada de parte de uno de los motociclistas, perdiendo la vida unos momentos después.


Aunque no hay una fecha exacta en que los cuerpos de seguridad se volvieron un asunto primordial, y por lo tanto más profesionales, no cabe duda que el concierto de los Stones marcó la pauta para los organizadores. También debemos recordar que los brotes de violencia no son una característica inherente de cualquier concierto de rock, pero tampoco podemos olvidar que cuando llega a ocurrir un incidente es realmente desastroso, como las decenas de reportes de asaltos, enfrentamientos y violaciones de recientes ediciones de los festivales de Woodstock y Glastonbury.


En el caso de México, no sabemos si fue tan buena idea que se especializaran tanto, porque ha dado paso a múltiples abusos de autoridad; aquí sólo basta que te pongas más eufórico de lo normal para hacerte digno acreedor de unos buenos jalones (si te va bien) y que te saquen del concierto sin darte ninguna explicación. Probablemente dentro de diez años esas quejas ya no se escucharán (esperemos…), así como ya no se escucha la gran incógnita de hace 25 años, cuando todos se preguntaban porqué no se podía realizar en México ningún tipo de evento masivo que valiera realmente la pena, claro que eso también ya es parte del pasado.




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