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El más reciente disco de The Secret Society siempre me recuerda a la novela El ruido de las cosas al caer”, con la que el colombiano Juan Gabriel Vásquez ganó el premio Alfaguara en 2011.

En la novela, la trama gira en torno a los audios que resguarda la caja negra de un avión que se viene abajo en un terrible accidente aéreo en la Colombia de los años noventa. Las últimas palabras que produce una persona antes de morir es el hilo conductor de la historia y la pieza faltante de un terrible rompecabezas.

El comentario viene a cuenta porque, -me da la impresión- que tanto en el libro como en el disco, las historias están construidas a partir de elementos de contexto, pero sobre todo, de la fuerza de las palabras como elemento disruptivo.

“Te guste o no, todos sabemos hablar la lengua internacional de la violencia. No te asustes cuando veas sangre al cortarte con mis palabras” se escucha en “Ya sólo quedan las marcas” track 10 de “Hacemos ruidos raros al rompernos” (2017) la quinta producción de la banda madrileña liderada por el incansable Pepo Márquez.

Las palabras, las imagenes mentales, las ideas sueltas como elemento de distorsión narrativa son las grandes cualidades en las letras de The Secret Society. Canciones que hablan de lo que sucede en el mundo, del desencanto, pero también de la esperanza.

Y es que una de las cosas que caracterizan a las canciones de Pepo Márquez, es que mantienen un oído atento a lo que ocurre en el mundo. “No hay nada que celebrar, mientras en televisión, recogen los cuerpos hinchados y azules que el mar rechazó” canta con honestidad brutal Márquez en “Una canción sin nombre y el primero de the Streests”

 Los personajes de sus canciones parecen formados de una materia prima llena de incertidumbre y el feroz instinto de supervivencia que vemos a diario en los telediarios.

“En trabajos mal pagados y en días de soledad, aprendimos para siempre que hacemos ruidos raros al rompernos se escucha en la canción que da título al disco. Una declaración sobre los tiempos que corren y musicalmente, una de las piezas más interesantes del disco, con un comienzo electrizante con guitarras distorsionadas y un desarrollo final delicioso.

Aquellos que se engancharon al genial trabajo de 2011 “Peores cosas pasan en el mar” encontrarán que las guitarras distorsionadas y el sonido fuzz que caracterizó a aquel disco sigue intacto en cortes como “La distancia más cercana entre dos puntos es el miedo”.

Musicalmente, la propuesta de Ricky Lavado, Jimmy, Manel Moreno y Javier Martínez es mucho más rica y diversa. Hay espacio para ejercicios inquietos, como los recursos de electrorock en “Cualquier lujo tiene un crimen detrás” y en la genial “La primera pérdida” o la experimentación con los ritmos reggae de “Podemos ser todas las personas a la vez”.

Al final, como aquella canción de Caifanes que de manera profética afirmaba: “Nos vamos juntos, haciendo viejos”. Escuchas y creadores nos hemos hecho mayores abrazando -para bien o para mal- la certeza de lo que somos, pero también la certidumbre de lo que ya no podremos ser.

Pues bien, he aquí una banda que cambia, que crece a la par de sus escuchas, sin intentar llenarle el oído a nadie, sin intentar adaptarse a los cánones de la novedad. Al fin y al cabo, como canta Márquez “Las derrotas con la edad suenan más interesantes”. Sólo que en este disco no hay derrota, sino todo lo contrario.

 





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