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Mientras más de 300 sellos independientes sufren todavía las pérdidas por el incendio que alcanzó las bodegas de distribución de Sony DADC  y se discute la probabilidad de que Apple, Google, Spotify y YouTube sean las siguientes disqueras, los grandes sellos discográficos discuten la posibilidad de descontinuar otro formato.

Los planes no son tan drásticos como cuando se habló de descontinuar el cartucho de 8 tracks, el cassette y los vinilos, la posibilidad de abandonar el Compact Disc no se muestra como un traslado absoluto a lo digital porque, como aprendieron muchos al desprenderse de sus colecciones de acetatos, ya no debe tratarse de la eliminación de un formato, sino de su preservación a través del valor agregado y una manera de responder a las tendencias que los mismos artistas están promoviendo, al editar versiones de sus materiales en todos esos elementos que supuestamente deberían haber muerto hace mucho tiempo.

Si los rumores son ciertos, a partir del 2012 la manufactura de CDs se enfocará en lanzamientos de colección y en grupos importantes (ustedes saben en que se basa la importancia de algo en estos tiempos), dejando la mayoría los nuevos materiales fuera de las de por si moribundas tiendas de discos, limitándose a la intangible tienda en línea. El pronóstico es desastroso, no sólo para esas tiendas que luchan por sobrevivir y celebran su existencia a través del Record Store Day dos veces al año, sino también será una pérdida para los géneros y actos que no son tan populares y que no tendrán ninguna representación física si esa idea se lleva al extremo.

Al tiempo que empiezan a revelarse las estadísticas de ventas online en el 2011, que aparentemente parecen haberse tragado las ganancias de todos los medios que utilizábamos en el siglo XX (aunque la venta de vinilos va a la alza), aparece la amarga explicación de Pete Townshend y su percepción de iTunes como “un vampiro digital”, pero no todo es tan negro, ya que algunos sellos empiezan a seguir las nuevas reglas de «convertir la industria de una que ‘explota’ al artista a una que sirve al artista”, sin embargo dentro de todos esos conceptos siguen olvidándose de nosotros, los consumidores de música.



Sabemos que hemos colaborado en hacer popular la distribución de canciones gratis (legales e ilegales), pero como consumidores de música también esperamos que esa posibilidad no sea una nueva forma de ordeña o double-dipping. No queremos ver llegar a las tiendas lanzamientos simultáneos o con meses de diferencia del mismo producto con una o dos diferencias, que verdaderamente tienen el único propósito de crear consumidores de más de una edición “limitada”, con la idea de que el contenido adicional vale lo suficiente como para pagar por un producto que ya se posee.

Algunos casos, como la colección de toda la discografía en cassette de Of Montreal, la dedicación al sonido del CD de Biophilia de Björk (que no se percibe en la app) y la edición especial de INNI de Sigur Rós (que pueden ver como se luce en el vídeo del final), nos hacen pensar que vale la pena la idea de que cada formato sea editado porque es especial, pero si nos apasionamos, la realidad es que todo sonido debería tener la posibilidad de materializarse como algo que provoque fetiches. Lamentablemente en muchos casos la realidad no es sobre pasiones, sino de un gran motivador, por supuesto, el dinero.

Sigur Rós – Inni Special Edition Revealed from Sigur Rós on Vimeo.

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