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Entre 1964 y 1967 las aguas internacionales alrededor del Reino Unido fueron propiedad de los ladrones de frecuencias. Los sonidos de las estaciones de radio piratas llegaban por oleadas desde barcos con antenas en forma de mástil, retaban al gobierno y los sonidos rígidos de la BBC.

Aunque The Boat That Rocked mostró ciertos aspectos de la importancia que tuvieron los piratas, la historia se quedó corta, ni siquiera cambiando el título del filme por el de Pirate Radio se logró recontextualizar a los barcos que realmente rockeaban (o se mecían, como quieran traducirlo) y que aparecieron en 1958 cuando un grupo de periodistas y operadores de radio en Europa se vieron en la banca del desempleo y crearon su propio trabajo configurando una estación de radio en frecuencia modulada en un barco anclado frente a las costas de Dinamarca. Radio Mercur inició la era de la radio pirata en alta mar, pero la historia más conocida es la de Radio Caroline

Los barcos piratas marcaron una pauta salvajemente significativa, que llegó a su fin en el verano de 1967, cuando fue aprobada una nueva ley contra sus transmisiones. Los canales que habían surgido a lo largo de la costa llegaron a su fin y, aunque la música continuó, el 14 de agosto se vieron obligados a apagar sus transmisores uno detrás de otro a lo largo del día. Excepto Radio Caroline, que se negó a morir y continuó con vida a pesar de las restricciones, sobreviviendo varias metamorfosis en el mar hasta los 90.

La historia se convirtió en un documental (irónicamente) de la BBC y en el cliché de sexo, drogas y rock and roll The Boat That Rocked, filme gracioso pero que pierde la oportunidad de mostrar mejor el momento, las múltiples horas náuticas y la historia de las primeras estaciones comerciales que basaron su éxito en un horario flexible abrazando con fervor el jazz y el blues, pero que brindaba gran parte de su programación a los primeros sonidos del rock and roll. Radio Caroline, por ejemplo, no sólo inició su programación con una canción de los Rolling Stones, también fue la primera estación en transmitir canciones de los Beatles y se mantuvo apegada a su filosofía de expresar sin restricciones esa vertiente de la música que aún no eran bien aceptada.



Desde el 28 de marzo de 1964, Radio Caroline ha brindado contenidos que no se encuentran en ningún otro lado. No por nada fue la primera casa del rock and roll, gracias a que su dueño Ronan O’Rahilly era parte de la escena musical londinense, muchas de las bandas que se programaron en un principio eran artistas que él representaba. La estación varias veces se ha venido abajo, pero aún continúa tocando música, transmitiendo ahora sin falla gracias a las virtudes de Internet y la radio satelital.

Sin embargo Radio Caroline no se rinde, continúa en la lucha por su derecho a rockear las ondas sonoras con el lema “Fair’s fair. Let Radio Caroline on the air!”. Tal vez parece un movimiento extraño, sobre todo cuando desde 1999 son parte de la red de estaciones libres, pero manejar Radio Caroline en esos términos no es suficiente. En una era en que muchos prefieren escuchar música en la web o vía satélite, Radio Caroline exige ser recompensada por su contribución a la cultura popular británica de una de las formas más modestas: la designación de una frecuencia en AM en el sureste de Inglaterra, donde fue concebida.

Aunque existen espacios vacíos en el dial de Inglaterra, parece que Radio Caroline no obtendrá su frecuencia en tierra ni recibirá un trato especial por su longevidad. Haber cumplido apenas la semana pasada 47 años de existencia tampoco parece un factor importante, ya veremos si el gobierno británico olvida un poco que alguien se les rebeló y brinda el reconocimiento a quien promovió la música y cambió la manera en que se hacía la radio.

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