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Por: Juan Alberto Vázquez / @juansinatra

En el cuento de Raymond Carver “¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?”, hay una mesa, cuatro sillas, una botella de ginebra, hielera, vasos y una discusión estéril sobre el significado del amor distorsionado y diverso, que celebran un atribulado divorciado, su locuaz nueva conquista y los anfitriones, a quienes imaginamos como una distinguida y hermosa dama más el narrador, quienes aparentan amor del bueno. En Birdman se materializa este encuentro pero todo va más allá.

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En realidad la genialidad de Alejandro González Iñárritu inicia desde que se atreve a explotar la exposición mediática que un héroe olvidado puede ofrecer. Su intención oculta es apapachar al padre del realismo sucio y uno de los escritores más estimados en Norteamérica pese a los pocos premios literarios obtenidos. Tan obvia es la caravana que produce el director mexicano que la mayor parte del film transcurre en el Teatro St James de Broadway, donde el actor en decadencia Riggan Thompson (un espléndido Michael Keaton), arriesga las cartas que le quedan en su baraja personal para adaptar el cuento mencionado y recobrar algunas migajas de la dignidad y gloria perdidas. Mientras que el pajarraco insertó en el alma y la cabeza del actor principal, no aparece físicamente sino hasta muy tarde en la historia cuando lo único que le queda al héroe es suicidarse en una alcantarilla de Manhattan… o volar.

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Fotografiada de manera puntual por el rockstar Emmanuele Chivo Lubeski, con una cámara tan volátil como los sueños del decadente Thompson, la historia está contada en largos plano secuencias que hacen uno sólo, muy en el estilo del Goddard experimental de los años sesenta y a contraflujo del cine contemporáneo, tan dado a las sobredosis de tomas y perspectivas que tras una rocambolesca edición terminan por marear (o hasta fascinar, según sea el caso) al espectador.

Aquí no. En esta narración asistimos sin tregua a la simpleza en la vida de Riggan cuyas pasados y ya muy desdibujados logros en la saga del héroe volador, topan con la coyuntura de sus 60 años donde casi lo alcanzan sus karmas a saber: una hija (la pálida y convincente Emma Stone) sufriendo la erices post rehabilitación; las deudas de quien todo lo ganó y despilfarró; una ex esposa al acecho; una actriz joven de escaso talento con la que juega a la seducción y el duelo permanente con Mike Shiner (el gran Edward Norton) su coestelar ambicioso, fanfarrón y mal herido por los puyazos de la disfunción eréctil, que lo llevan a comportarse como un verdadero asshole.

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El guión armado en rebuscados y bien armados diálogos directos, sin entremeses ni cursilerías, se acercan a la narración del también poeta Carver quien concentró su talento en darle voz a los miserables, tan de moda y presentes en todas las etapas de la historia. En el film, la línea de la decrepitud y los arrepentimientos se mantiene como inspirada en un avión repleto de pasajeros a punto de estrellarse contra un cerro de basura. La esperanza aparece hasta el momento en que llega la ciencia ficción, si a eso podemos llamar la aparición del pajarraco, voz de la conciencia de Thompson que al final levanta el ánimo y dota al proyecto de un final más dulce del que quizás lo merecía. Pero eso ya lo decidirá cada espectador.

Si es que debamos hallarle algo malo a la cinta, es que esta vez el director mexicano se puso la vara muy alta. ¿Logrará superar este proyecto que se perfila para ganar muchos de los premios que reparten en el circuito de festivales de cine que ya arrancaron su recorrido alrededor del orbe?





2 Comments to Birdman se esconde tras homenaje a Carver

  1. Es una fantasía de muerte. La mente de Riggan lo está haciendo revivir sus miedos, arrepentimientos y frustraciones mientras muere ahogado en la playa, atacado por las medusas, al grado de que al final le concede todos sus deseos. La ex esposa lo quiere, la hija se reconcilia con él, el amigo lo adora, la crítica lo alaba, las balas no lo matan y hasta puede volar. O_o!

    • Pedro Escobar

      Me sorprende que no haya tenido tanta exposición en cartelera. Al parecer no lanzaron muchas copias en México a comparación de lo último de Cuarón y Del Toro.

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