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“Quienes hacemos revistas, las creamos inicialmente por puro egoísmo”. Esa fue una de las frases con las que comenzó su ponencia Carlos Prieto, editor del e-zine Interregno durante un encuentro de revistas independientes al que fue invitado el staff de Resonancia Magazine.

La frase me dio vueltas en la cabeza durante varios minutos, pues confirmaba otro comentario sobre ese concepto que escuché varios meses atrás en voz del escritor Xavier Velasco: “Escribir sobre música es una forma de encontrar un lugar en el mundo en el cual tienes cosas que decir, no tanto sobre la música, sino sobre tu posición personal acerca de ella, que en cierta medida es de lo que habla el que escribe de música”.

La idea me puso a reflexionar sobre los motivos por los que escribimos los colaboradores editoriales. Evidentemente tenemos una necesidad de comunicarnos y compartir nuestras pasiones, pero sin lugar a dudas existe esa pequeña dosis de egoísmo que siempre esta presente en lo que hacemos.

Nos guste o no nos guste (y generalmente no nos gusta reconocerlo) la mayoría de los colaboradores editoriales buscamos el brillo personal, el crédito y esa chispa de fama efímera que nos permita compartirle a nuestros contactos de Facebook nuestros textos o la fanfarronería de regalarle a alguien el ejemplar más reciente de la revista musical que publica nuestros puntos de vista sobre la obra de alguien más.

La verdad es que pocas veces repararamos que nuestros textos, al igual que los cientos de entradas que inundan el internet, son sólo una opinión más. Si es buena o mala dependerá del lector, pero la nuestra no es más que una opinión matizada por algunos datos útiles. De manera que escribir buscando el protagonismo es tan absurdo como tratar de esconder nuestra vanidad al firmar un texto.

Creo que en Resonancia Magazine entendimos a tiempo que nuestro formato de columnas personales es la forma más honesta de saciar nuestra necesidad por compartir nuestros descubrimientos musicales y de contagiar las pasiones que nos entusiasman. Al tiempo que encontramos nuestra línea editorial, entendimos también nuestro papel como receptor y amplificador de los mensajes de quienes no encuentran espacio en los medios convencionales.

Pese a que rechazamos la idea de asumirnos como “voz autorizada”, a lo largo de nuestros casi 3 años de existencia hemos hecho todo lo posible para mejorar la calidad de nuestros textos, hemos mejorado el diseño, aumentado los contenidos originales e integrado a un equipo de colaboradores cada vez más profesional y talentoso.

 

 

Para nosotros, el 2011 fue un año de grandes cambios y confirmaciones gracias a nuestros lectores. Pocas veces ofrecemos regalos, de vez en cuando damos boletos gratis para conciertos y casi nunca replicamos la misma información que una y otra vez inunda el internet con exceso de vanalidad. Sin embargo, cada vez más gente hace Resonancia con nuestra forma de entender la música, el arte y la cultura, y eso es algo que nos deja gratamente satisfechos.

Me da la impresión de que cada proyecto que se emprende en la vida es parecido a tener un hijo. Al principio te ilusionas con su llegada, fijas grandes esperanzas en él y después de un gran esfuerzo y múltiples obstáculos lo ves nacer. Luego vienen los enormes compromisos que conlleva atenderlo, darle parte de tu tiempo y de tu energía en mantenerlo sano para verlo crecer y dar sus primeros pasos.

Sin embargo, cuando tu “hijo” crece, cuando atrae las simpatías de los extraños y logra sus primeros reconocimientos (como la beca que ganó RM en 20011 dentro del programa de fomento a la edición de revistas independientes del CONACULTA) resulta inevitable sacar a relucir esa porción de egoísmo maternal y pensar que tu hijo es el más bonito y el más listo del salón.

Al final creo que esa es otra forma de entender el concepto al que se referían Carlos y Xavier. En ocasiones la gente anhela tener hijos por un instinto de preservación un tanto egoista, por tratar de dejar su huella en el mundo el mayor tiempo posible y encontrar en un nuevo inicio una nueva oportunidad para ser mejores.

Tal vez esa forma de egoísmo no sea tan malo a final de cuentas, el camino de este mundo es largo y accidentado. ¿Qué mejor que recorrerlo juntos y encontrar en nuestras afinidades la chispa para disfrutar la vida de una manera más agradable y más intensa? ¿Qué dicen? ¿Nos acompañan?

 

Pedro Escobar es diseñador gráfico por la UNAM y colaborador editorial de las revistas Círculo Mix Up y Chakota Mag. Es editor y fundador de la revista electrónica Resonancia Magazine. No tiene Twitter, pues como Lester Bangs, considera que su vida «no es tan cool».

 





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