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“La creación de una gran cinta de recopilación, como una ruptura, es difícil de hacer y requiere mucho tiempo, más de lo que parece. Tienes que iniciar con algo que mate, para llamar la atención. Entonces tienes que hacer una ranura, pero no quieres arruinarlo con rellenos, así que debes enfriarlo en cada espacio. Hay muchas reglas. De cualquier forma… he empezado a hacer una cinta… en mi cabeza… para Laura. Llena de cosas que le gustan. Llena de cosas que la hacen feliz. Por primera vez puedo entender como se hace” – Ron en High Fidelity.

Toda persona que pasó horas frente al estéreo en su habitación realizando una selección de canciones puede comprender el arte del mixtape y lo que significaba: era una carta de presentación auditiva, una expresión de los sonidos que habían entre oreja y oreja y, sobre todo, una manifestación de lo que era uno.

Y aunque diariamente intercambiamos música con algunos amigos, probablemente hace mucho no nos vemos inmersos en ese instante de reflexión que implicaba grabar un cassette para alguien, en primer lugar porque ya no es necesario considerar sesudamente el largo de una cinta y sus probabilidades divididas entre 30 o 45 minutos, mucho menos tenemos que tener la habilidad de colocar la aguja en el disco en el lugar preciso, hacerlo girar, apretar el botón de grabación y escuchar la canción completa para volver a iniciar el proceso una vez más.

Tengo una larga historia con el arcaico cassette y la búsqueda de la continuidad perfecta que acababa con la existencia de las cintas aún antes de pasar por la prueba del auto. En mi caso, la última vez que grabé una cinta fue hace 13 años, fueron 60 minutos que todavía guarda esa persona aunque ya no tiene donde reproducirlos, pero al fondo de un cajón sigue viva esa parte de la cultura del cassette que acaparó discos de vinil copiados para ser reproducidos o comidos en un auto estéreo o un Walkman.

Más que una colección de sencillos, al menos eso pensaba cuando grababa un cassette y supongo que eso es lo que piensa toda la gente que ha estado colaborando en la respuesta digital al perdido arte del mixtape 8tracks, que permite a sus usuarios crear sus propios playlists para compartirlos con otros.

Parte descubrimiento musical y parte herramienta de curación, 8tracks es similar para aquellos que crecieron creando mixtapes (y posteriormente playlists para Cds y el reproductor de MP3), es una verdadera revelación que combina la personalización y la dedicación con todo lo que significa SHARE en la actualidad, desde realizar un streaming en línea y compartirlo en Twitter y recibir un Like hasta mandarlo por correo o incrustarlo en sitios web.

Las opciones de escuchar música y compartirla se ajustan a las necesidades y estados de ánimo, para escuchar sin moverse o para llevar con la aplicación para iPhone, incluso puedes acercarte a curadores de mixtapes famosos como Dave Grohl y Metric, así como conocedores profesionales como Pitchfork, SPIN y Rolling Stone.

El sitio se parece al difunto Muxtape, otro servicio para compartir playlists que desapareció gracias a la RIAA por presentar contenido ilegal. Sin embargo 8tracks opera bajo las reglas de Digital Millennium Copyright Act y paga regalías, en otras palabras, 8tracks es legal.

Para mi es una revelación que me pone nostálgica, sin embargo para su creador Richard Caetano tiene otro significado: “es Internet radio hecho a mano, una red de mixes creados por gente que sabe y ama la música. 8tracks ofrece una experiencia de descubrimiento única, diferente a la programación de estaciones de radio basadas en algoritmos o la curaduría de una única voz editorial”.





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