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Mientras leíamos a William Gibson soñábamos con el ciberespacio, hologramas con absoluta personalidad esquizoide y la combinación de bajos mundos con alta tecnología; con su recomendado Rudy Rucker nos acercamos al concepto de robots rechazando las leyes de Asimov, decididos a insertar software droide en cuerpos humanos, además del concepto del vizzy un aparato que servía para vernos unos a otros en tiempo real, como una especie de Twitter aún más voyeur. Ambos autores son completamente fascinantes, pero aún con su visión del futuro, estamos hablando de momentos que tardaron un poco en concretarse.

En la actualidad la ciencia ficción post-cyberpunk logra capturar todo el grano y la gloria de la tecnología con más rapidez, con un mayor grado de verosimilitud y el mismo respeto a los ordenadores y las redes reales que el género tenía en sus días de gloria, pero ahora responden a situaciones que a pesar de ser muy rebuscadas, podemos comprender e imaginarlas con mayor facilidad. Tal vez nuestra mente se ha ampliado o la forma en que la tecnología nos ha abrazado en los últimos 10 años ha permitido que tengamos menos candados y más elementos para imaginar el futuro.

Casualmente (o tal vez no) muchas de las historias que han aparecido últimamente en ese género involucran de una u otra forma la publicidad. En La Era del Diamante, Neal Stephenson abordaba la invasión visual del mediatron, con hackers de grandes compañías mediáticas que habían encontrado una forma de poner “anuncios en la visión periférica (incluso en el medio) todo el tiempo; incluso cuando cerrabas los ojos… Los mensajes en los anuncios los seguían como lobos hambrientos…” No estamos tan lejos de eso, sólo revisen con mayor detenimiento lo que aparece en su smartphone y todo lo que se despliega ante su mirada sin que realmente lo noten.

En otra esquina, no muy lejos del libro que enseña a las niñas sin necesidad de educadores de Neal Stephenson, aunque con otra perspectiva, se encuentra Tim Maughan, quien tiene una vista aguda para dilucidar las posibilidades de la tecnología como herramienta de la ficción, adoptando un modelo para contar historias que es sumamente provocador y completamente a la mano, como es el caso de la realidad aumentada y la avalancha de códigos Quick Response que empiezan a asaltar nuestra vista sin casi percibirlo.

El caso de Tim Maughan probablemente es el más cercano a lo que vemos, en su libro Paintwork y las tres historias incluidas en él hay una visión en común del futuro cercano con artistas del graffiti aumentado, hackers, bichos nanobots, celebridades de juegos de realidad virtual y robots de realidad aumentada que luchan a través de las calles.

La primera historia de Paintwork, 3Cube, es sobre un escritor de graffiti en un econopocalipsis en Bristol, cuya especialidad es crear elaboradas animaciones de realidad aumentada para insertarls en la consciencia pública al sobreescribir códigos QR de la publicidad. En Paparazzi muestra a una celebridad de los vídeo juegos y la economía global, y en el último cuento Havana Augmented crea un thriller de juegos políticos que tienen lugar en la Habana, donde los combates en realidad aumentada se convierten en parte del plan del partido comunista para liberar la economía del país.

Las historias, al menos a mi, me parecen menos rebuscadas, pero eso se debe a una contemplación de todas las cosas que han abierto muchas barreras, el recorrer las calles, contemplar un tipo de guerrilla que abarca muchos códigos QR y hasta gente escaneando tatuajes para descubrir otros niveles, que hacen pensar que el futuro no se ha acabado, sólo ha sido superado por lo que imaginábamos, por eso William Gibson empieza a escribir del presente o del futuro que está a sólo unos minutos de que lo veamos, sólo obsérvenlo en el siguiente vídeo.





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