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Dos hombres viajan en la camioneta, uno de ellos no para de hablar, excitado por las posibilidades de una noche antes de cumplir una condena de tres años, los planes están listos, pero falta una pregunta: ¿qué necesitas? Al fondo aparece una guitarra que lastimera de desafinación y estridencia provocadas con toda intención, surge una voz conocida y en el momento oportuno de la escena dice: “Back in the day, we were eye to eye. The thought of you has me runnin’ wild. They say love lost will never grow but hey, hey, hey I still love you so”.

RocknRolla sigue su curso y no tarda en revelar que efectivamente se trata de The Black Keys, fragmentos de The Breaks y Busted fueron utilizados indistintamente en muchas películas, comerciales de poker en línea y hasta nos asaltó a través de IMDB con un trailer falso, colándose pausadamente al inconsciente colectivo, que sin planearlo mucho, estuvo escuchando por todos lados The Big Come Up, el primer disco del dueto y que tenía de especial el hecho de que se trataba de dos tipos con un alma lastimada que mezclan blues y generosas dosis de punk rock, algo que parece nuevo y suena a viejo, pero sin duda es la esencia de éste momento.

La voz de Dan Auerbach y el ritmo de Patrick Carney, con su guitarra, una batería de preferencia rota y la inescrutable ubicación de un sótano, pasaron por alto la inclusión del bajo y agregaron a la mezcla el sentimiento de morir aprisionado en un tumulto, balas perdidas en medio de la noche, una botella de licor envuelta en una bolsa de papel, la pesadez del alma y una pasión visceral por el sentimiento de no encontrar la salida a la desolación.

En seis discos la energía que llena el vacío logró sacarnos la culpa con un ritmo pausado, lleno de lamentos, un recuerdo de la forma en que el dueto buscó experiencias, viajando numerosas veces para encontrar maestros, perdiendo múltiples horas en Mississippi, donde tocaron con James “T-Model” Ford, durmieron en el piso de un trailer para acumular kilometraje y encontraron la formula del sonido orgánico que se desempolva completamente en su séptimo disco El Camino.

Su estilo de medium fidelity ya no es precisamente el sello más notable, se observan más pulidos aún con cada latigazo de electricidad y manías de su productor Danger Mouse, que con el teclado los convierte en un power trío. Pero la esencia se mantiene, siguen hablando de soledad, dolor, renegar al destino y sexo del que en algún lugar se habrá escrito, sigue siendo música para la noche o para llevar la luna a cualquier lugar del día, aunque ésta vez en una zona confortable, lista para las grandes arenas y el reconocimiento que llega después de años.

Las diferencias son muchas, hace 9 años cuando salió su primer disco, la mayoría de los que nos transformamos en sus seguidores en el año 2002 fue por mero accidente, hoy es un grupo que se vuelve trend topic, queda expuesto a audiencias más amplias, pero no nos causan aberración por eso, aunque un grupo debe evolucionar, ellos siguen teniendo el mismo modelo rápido y furioso. El efecto es inesperado y perfecto para road movie, aún cuando nunca logremos entender porque en vez de cualquiera de los modelos El Camino de Chevrolet, en la portada veamos una Chrysler Town & Country.





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