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Cuándo escuchas la palabra globalización, ¿piensas en música? Posiblemente es una de las palabras que más significado e impacto han tenido en las artes y la industria del entretenimiento, permitiendo resultados inmediatos y diversos desarrollos que han habilitado que ya no exista un sólo centro, sino muchos lugares donde la producción ofrece posibilidades infinitas equiparables al número de creadores.

Pensando en globalización, música y producción, tras el cambio hacia la transmisión por Internet y la creciente popularidad de los sitios de vídeos generados por los usuarios, algunos cineastas independientes comenzaron a grabar sesiones en vivo para presentar un nuevo aspecto de la música, ejemplo de esta nueva forma de creación y presentación de un video musical es la obra de Vincent Moon y sus Take-Away Shows, una manifestación de tipo de guerrilla cinematográfica combatiendo la tradición de las puertas cerradas.

Todos estos clips grabados con rapidez respondían a presupuestos mínimos, con una estética que emergía directamente del movimiento lo-fi de los años noventa y que tenía como mayor interés presentar a los grupos y su música en la improvisación ante públicos cada vez más amplios. De esa forma entramos a un largo periodo de sesiones portables alejadas de la perfección y más centradas en la honestidad, intentando atrapar el ritmo de una canción y estar al mismo nivel que sus interpretes.

Los Take-Away Shows definitivamente fueron la escuela, desafortunadamente después se convirtieron en un prototipo de sesión, donde sin duda lo humano se mantiene humano, pero con base en la repetición. Para nuestra sorpresa las imágenes sobre la espontaneidad dejaron de ser novedosas, aunque la idea de que la música y sus creadores debían encontrar nuevas formas de exhibirse siguieron patentes.

Posiblemente en esa intersección de pequeños clips que retan nuestra paciencia en línea y la necesidad de ver nuevas formas es donde surgió la idea de Cartucho Films, Back To Basics, una serie de sesiones realizadas en México que, sin capturar lo espontáneo, logran trasladarnos hacia el lugar donde podríamos decir que la magia sucede espontáneamente: el cuarto de ensayo.

El grupo de productores detrás del proyecto, que tienen varios años colaborando en medios enfocados exclusivamente a Internet (radio, blogs, publicaciones libres de papel), comenzó a trabajar en B2B el año pasado, con la firme idea de hacer algo diferente al introducirse en los lugares donde las bandas se relajan o se estrechan en interacción y pasión hasta reventar a sus integrantes, como luego lo comprobaron los de B2B en una sesión que ya fue enlatada.

Tomando lo mejor de las sesiones que hemos visto en los últimos años, pero con un cuidado de la estética visual que hace que cada episodio tenga cierto romanticismo de azules, blancos, grises y rojos; con cortes y cambios de imágenes inspirados en Requiem For a Dream, aunque sin el mal viaje soportado por el estremecimiento sonoro de Kronos Quartet, los grupos que han participado en Back To Basics también responden a esa idea global, donde los géneros y las etiquetas se eliminan para dejar que su presencia te mueva.

No importa si es indie, cumbia, rock, punk o metal, tampoco si se trata de un estudio de grabación hecho y derecho, una bodega, una antigua panadería, un patio cercano a un canal que exige precaución en la noche o un cuarto sumamente estrecho donde la transpiración permite escribir en la paredes, incluso cuando ves una banda haciendo vibrar los vidrios en un departamento (y la mente de los vecinos) hay una historia que se complementa en magia entre las canciones, la entrevista y el cover.

Como muchas iniciativas independientes, Back To Basics es sobre el fondo y la forma, en este caso el lugar donde los cortes siguen uno a otro a base de repetición, dejando que la creatividad fluya y los nervios se manifiesten hasta llegar a un escenario. Sorprendentemente, las cinco sesiones que hemos visto (a las que sumarán otras siete) se sitúan entre esas dos ideas, en parte es una intromisión a la intimidad de una banda y también es una ventana a las posibilidades, que aún con el desorden del fondo, la falta de espacio y los techos bajos, es una gran visión de lo que ofrecen las bandas en la Ciudad de México.

Aunque las historias sobre mover muebles, importunar vecinos después de 17 tomas de una misma canción de metal y maravillar músicos con el equipo de iluminación no son parte de lo que vemos en el corte final de cada episodio, la idea del cuarto de ensayo capturado en una sesión nos deja imaginar todos esos detalles y, lo más importante, parece inagotable incluso si tu idea más cercana es Keith Richards sentado sobre una alfombra persa y cientos de botellas de Jack paseando de un lado a otro.

Los productores/realizadores de Back To Basics iniciaron con una lista de 60 bandas, enfocaron los lentes en 12 para su primera temporada, sin embargo después de una larga entrevista que ha sido mejor trasladar a ideas (para emular un poco su ejemplo), queda claro que no sólo sobran bandas para continuar con el proyecto, también hay mucha hambre de creaciones fuera de los círculos habituales, que afortunadamente no restringen Internet.





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