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¿Están tocando lo que creo que están tocando?’, dijo Wilson.
‘Jazz’, siseó Erasmus.
‘Nos están traicionando, deberíamos dispararles’, dijo Gretton, con total naturalidad.
‘Tal vez podría funcionar. Nunca hemos tenidos una banda de jazz’, sugirió Erasmus,
buscando un camino a seguir.
‘Jazz’, dijo Wilson. ‘Jazz es como el teatro, es lo que la gente hace si no logran conseguir un concierto adecuado. Forma sobre contenido, el único rasgo de placer viene de las melodías que roban de la canción popular, imbéciles. Como dijo Zappa, el jazz no ha muerto, sólo huele
chistoso. Siempre se puede decir del jazz que – los hijos de puta en el escenario está teniendo más diversión.

Del libro 24 Hour Party People: What the Sleeve Notes Never Tell You – Anthony Wilson

Su sonido comenzó con una reputación de inmoralidad, las generaciones de más edad lo veían como una amenaza para los viejos valores de la cultura y la promoción de los nuevos valores decadentes. Algún profesor de la Universidad de Princeton incluso escribió: “… no es la música en absoluto. Es simplemente una irritación de los nervios del oído, una broma sensual de las cuerdas de la pasión física”.

En la década de los 20, el jazz se contraponía a lo clásico, era una respuesta de la música popular de un momento a lo que en otra época fuera también música popular, pero también era sobre lo mundano, como el legendario Minton’s Playhouse, el lugar que a través de la oferta de comida y bebidas gratis se colocó como el sitio donde se ofrecía libertad creativa fuera de las grandes bandas, fue donde nació el bebop, la invención y la experimentación de Monk, Powell y Guillespie, quienes empujaron al bop al mundo intelectual más allá del jazz y la prisa por ganarse la vida, un frenetismo que no es gratuito aparezca como la línea fundamental del trailer de On The Road, adaptación al cine de la novela de Jack Keroac dirigida por Walter Salles.

La intensidad que impactó con su ritmo el poema Howl, y a toda la Generación Beat, en algún momento se llenó de virtuosismo, detalles inaccesibles y rasgos ostentosos que décadas después, se convirtieron en las razones por las que la música del pasado debía rechazarse una vez más en el presente, siendo cercada por eruditos, expertos y críticos de pipa, guante e índice haciendo hoyuelo en la mejilla, tal como la catalogaba uno de los personajes en el sonido Madchester, Tony Wilson.

Para algunos el jazz ya no es música popular, es el sonido de los cultos, de las estaciones de radio de poco alcance y audiencia de nariz elevada, sin embargo el próximo 30 de abril podría recuperar su cercanía con lo mundano y lo originalmente frenético, gracias a la primera gran iniciativa de Herbie Hancock como Embajador de Buena Voluntad de la UNESCO: el Día Internacional del Jazz, que no sólo lo celebrará como forma de arte, también mostrará el impacto político y diplomático que tuvo en tantos países y culturas a lo largo del siglo pasado.

Herbie Hancock piensa que el mundo necesita en la actualidad un poco de diplomacia al estilo del jazz, “ha sido la voz de la libertad en muchos países por más de medio siglo” y es necesario brindarle un día en el calendario para celebrar y aprender más sobre el arte, “sus raíces y su impacto, y señalar su importante papel como un medio de comunicación que trasciende diferencias”.

El conocido pianista ve la iniciativa como una extensión de su disco doble del 2010, The Imagine Project, un trote global que mezcla esfuerzos de géneros de 10 países, una especie de Naciones Unidas del pop y world music, pero en éste caso con una mayor inclinación hacia el jazz y todos los sonidos que se han derivado de él. “Espero que éste día disperse la alegría de la creación espontánea que existe en ésta música… Mi sensación es que el jazz va a obtener su debida atención”.

El primer Día Internacional del Jazz tendrá como principales puntos de celebración los conciertos en París, Nueva Orleans y Nueva York, sin embargo docenas de países están agregando en la página de la UNESCO festivales, eventos especiales, pláticas y conferencias, por lo que desde Algeria a Uruguay el 30 de abril se dejará sentir ese sonido popular, que por supuesto es más trascendente que el torso desnudo y el baile provocativo de la actriz Kristen Stewart, es más sobre el sonido que Jack Keroac y sus compañeros se apropiaron para definirse, aún quedándose en un cómodo borde, pero que en On The Road vibrantemente se definió en la tercera parte, capítulo 10, como:

«Una vez hubo un Louis Armstrong que tocaba sus hermosas frases en el barro de Nueva Orleans; antes que él, estaban los músicos locos que habían desfilado en las fiestas oficiales y convertido las marchas de Sousa en ragtime. Después estaba el swing, y Roy Eldridge, vigoroso y viril, que tocaba la trompeta y sacaba de ella todas las ondas imaginables de potencia y lógica y la sutileza… Miraba su instrumento con ojos resplandecientes y amorosa sonrisa y transmitía con él al mundo del jazz”.





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