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Hoy amanecí deprimido, es invierno y no hemos tenido sol durante varios días, tan solo ha estado cayendo una lluvia gélida las últimas semanas. Ayer vi The Road (La carretera), película dirigida por John Hillcoat y protagonizada por Viggo Mortensen, basada en la novela ganadora del Pulitzer de Cormac MacCarthy. Debe ser la veinteava historia apocalíptica que veo en el último año y la perspectiva de los anglos ante el fin del mundo lo confieso ha comenzado a cansarme. Su visión tan local y primer mundista, su enfoque tan solo en el después de la catástrofe y no en el antes, nuestro ahora, que es cuando aun se puede hacer algo. A los gringos les preocupa en demasía que su civilización colapse y se convierta en una tierra de nadie habitada por la muerte y el abandono. Pero creo que también les fascina la idea de que todo mundo desaparezca de la faz de la Tierra. Debo decirlo hay veces, sobre todo durante el largo invierno canadiense en que salgo a caminar y siento que Norteamérica entera es una zona muerta. Los mal llamados “Americanos” aceptan de manera honesta que hay algo malo en el mundo que nos llevará a todos a la mierda, pero lo aceptan como una realidad inalterable, como algo que sucederá hagan lo que hagan. Tantas imágenes de colapsos han terminado por inactivarlos o incluso convertirlos en sibaritas ( A comer y a chupar que el mundo se va acabar!). Hollywood ha explotado tanto el tema apocalíptico de manera tan amarillista que pareciera a veces que su intención es convertirlo en algo trillado, convencernos que no existe esperanza, que es mejor no reproducirse, no tener hijos a los que condenaríamos a un mundo de sufrimiento. Es mejor esperar sentados a que llegue el fin del mundo, con nuestra pantalla plana, nuestro ipod y nuestros muebles de IKEA.


Hoy mientras aun me encuentro deprimido, comenzaron las pláticas de los principales gobernantes del mundo en la cumbre climática de Copenhague, para discutir como salvar al mundo de la esta crisis que se ha advertido a lo largo de los treinta años de mi vida, sin ninguna solución clara. ¿Qué harán nuestros gobiernos? No lo sé, pero si sé que si no toman las medidas pertinentes, si se hacen los occisos, si vuelven a negar la crisis como ya lo han hecho antes, no nos quedará otra a los ciudadanos mortales, comunes y corrientes que empezar a pensar en actos más radicales, para exigir a los poderosos los cambios que el mundo necesita. ¿Tendremos que llegar incluso a la violencia para hacerles entender a los poderosos lo equivocado que esta el sistema vigente? Mientras escribo esto último, mi depresión se convierte en furia. Un fuego se enciende en mi pecho. Ante tales pensamientos, siento mi espíritu en ebullición. Así se encienden las almas revolucionarías cuando sienten que no hay otros caminos o alternativas para que todos vivamos una vida justa.

No se puede vivir solo sobreviviendo. Para el protagonista de La Carretera, su hijo es la única razón de vida. Una vez mi padre me dijo que al mundo venimos a sobrevivir todo el tiempo y a vivir cuando podamos. En ese entonces no me quedó muy clara la diferencia entre ambos términos. En el mundo apocalíptico de the Road, están los hombres que sobreviven a toda costa, aún a costo de la carne de sus congéneres a los que cazan, cercenan y matan. Pero un hombre y su hijo sobreviven, comiendo insectos muertos, basura, víveres perdidos y también viviendo a ratos algunas efímeras pero luminosas alegrías. El viaje épico de este par no es para buscar un tesoro o para destruir un artefacto mágico. Ellos tan solo buscan la poca humanidad que queda en el mundo. No es extraño que en condiciones tan extremas los personajes nos puedan parecer maniqueistas, sobre todo por su creencia en términos tan trillados como los “buenos” y los “malos”, pero en la boca de un padre estos términos se convierten en el sustento ideológico de una esperanza. -Vamos a sobrevivir a esto- dice el personaje de Viggo a su esposa (caracterizada por Charlize Theron), a lo que ella pregunta “como” y “para qué”. Después del suicidio de su esposa, este hombre y su hijo inician su viaje, arrastrando un carro cargado de basura y viejos recuerdos, también una pistola con dos balas por si el suicidio se convierte en algo indispensable. Para el final de la película no se nos responden del todo los cómos, pero si los para qués: Para portar el “fuego”, el amor, la compasión, para preservar la fe en los valores humanos. Estas son las únicas motivaciones que tiene un harapiento trotamundos para cargar, alimentar, consolar y educar a su hijo a través de un eterno bosque de arboles muertos, para seguir buscando una nueva esperanza. Y cuando aquel hombre lo llega a olvidar, ahí esta su pequeño hijo que se lo recuerda y exige, con palabras a las que siempre agrega la palabra: papá.


No diré si La Carretera es una “buena” o “mala” película. Para mi tan solo es la visión desconsoladora de lo que podría depararle al mundo si en los próximos días los gobernantes del mundo se vuelven a hacer los que no escuchan, como lo hicieron hace más de 10 años en Kioto.

Recomiendo verla no más de una vez, ningún alma debe cargar tanto desconsuelo.





1 Comment to THE ROAD: VIVIR O SOBREVIVIR

  1. Es muy interesante la reflexión que haces en torno al apocalípsis visto como un fin irremediable e ineludible cuando esta en nuestras manos el poder de cambiar las cosas.

    Hace un par de meses, la unión de apenas un millar de ciudadanos echó para atrás la propuesta de gravar con impuestos el servicio de internet en México. ¡Imagínate! Si la mínima organización en facebook y twitter es capáz de eso, lo que no se lograría en t´rminos d eigualdad social. El problema es que es fácil dar tu apoyo desde la comidad de tu casa y tras el monitor y otra cosa distinta salir a la calle.

    Me gustó mucho tu texto Manuel, se que es difícil
    tratar de animarte para salir de la depre en un clima tan hóstil como el de Canadá, pero igual quiero hacerlo, pues el candor de tu sangre no pertenece a ese clima gris y monótono.

    Un abrazo!

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