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Nikola Tesla es una de esas mentes geniales a las que la historia universal no les ha hecho justicia. A pesar de que sus invenciones  como la corriente alterna, los motores eléctricos, el radiocontrol y las transmisiones de  telefonía sin cables representaron grandes avances para las sociedades industrializadas, su legado como personaje clave en el desarrollo tecnológico se encuentra sumamente subvaluado.

Prueba de ello es el estado deplorable en el que se encuentra uno de los principales laboratorios en los que el ingeniero de origen serbio trabajó gracias al apoyo de empresarios norteamericanos como J.P. Morgan y George Westinghouse. El laboratorio, ubicado en Long Island, a 100 kilómetros (65 millas) al este de Nueva York ha permanecido más de 80 años en un total abandono pese a que en ese lugar se llevaron a cabo importantes experimentos en torno a la transmisión de energía eléctrica sin la necesidad de cables.

El complejo incluía una monumental torre desde que la se decía que Tesla podía generar energía eléctrica a través de la ionosfera hasta cualquier lugar del mundo. Este era el fundamento de una de las grandes visiones del científico: “Un mundo con energía limpia y gratuita para cualquier persona del mundo”.



 

Desgraciadamente, problemas financieros y el estallido de la primera guerra mundial echaron por la borda el proyecto Wardenclyffe, y la torre tuvo que ser derribada ante la sospecha que podría servir de punto de referencia para submarinos alemanes.

Hasta hace unos años, el laboratorio de Wardenclyffe se encontraba bajo la custodia del consorcio fotográfico Agfa, pero el colapso de la industria fotografica ante el advenimiento de la foto digital provocó que el predio localizado en Shoreham, Long Island y valuado en 1.6 millones de dólares se pusiera a la venta con la intención de construir en esos terrenos un complejo comercial e industrial.

Ante el riesgo de que uno de los más grandes legados de Tesla fuera destruido, un grupo de activistas en pro del Tesla Science Center pusieron en marcha una colecta en internet con el fin de recaudar fondos y darle nueva vida a la iniciativa sin fines de lucro creada hace 17 años.

A la fecha, miles de donantes de más de cien naciones han recaudado más de 1.3 millones de dólares por medio del sitio indie go go para adquirir el laboratorio de Tesla en Wardenclyffe. El responsable de poner en marcha la colecta es Matthew Inman, un caricaturista que edita el sitio theoatmeal.com, y que publicó un trabajo ilustrado titulado “Por qué Nicola Tesla es el más grande Geek de todos los tiempos”. 

 

 

Si finalmente se logra adquirir la propiedad, como todo parece indicar, se necesitará más dinero para convertir el lugar en un museo, por lo que Inman ha convocado a la iniciativa privada a sumarse al proyecto. A la fecha, uno de los empresarios más entusiastas es Elon Musk, creador de PayPal y fundador de Tesla Motors. 

Cabe destacar que uno de los últimos testimoniales del estado en el que se encuentra el laboratorio de Tesla en Wardenclyffe es el realizado por el canal de telvisión The History Channel. En el se puede dar fe de que pese al deterioro en el que se encuentran las instalaciones, aun es posible un remozamiento que brinde al público un acercamiento al mundo cotidiano del inventor.

 

 

Aunque aun no se tiene fecha para la inauguración del Museo Nikola Tesla en Long Island, la efusiva respuesta de público nos da muy buenas señales de que el legado de este genio olvidado, fallecido en 1943, muy pronto contará con un recinto a la altura de su aporte tecnológico.

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