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Por: Yossa Guzmán @yosshua

“El gigante egoísta”, de la cineasta británica Clio Barnard (próxima a estrenarse), es una emotiva tragedia que involucra a dos grandes amigos (Arbor y Swifty) con personalidades distintas. Arbor es hiperactivo, impulsivo y violento mientras que Swifty es tranquilo, ama a los animales y es hasta cierto punto una persona tierna y paciente. Ambos personajes son excluidos de la escuela y pertenecen a la clase baja inglesa, esa de la que se habla en las canciones de grupos como Pulp, Oasis o Blur.

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Basada en el cuento de Oscar Wilde “The selfish giant”, Bernard retoma el egoísmo de Kitten, el chatarrero, provocador de la tragedia de estos amigos abandonados por su contexto social y por sus propias familias, en un ambiente de neblina, suciedad y fierros viejos.

Siguiendo la tradición del cine social británico de Ken Loach con cintas como “Kes” (1969) o recientemente con la intensa “Fish Tank” (2009) de Andrea Arnold, Clio Barnard retoma esa esencia industrial gris y pobre de los barrios marginales en los que la audacia juvenil busca crearse nuevas oportunidades y relaciones más humanas.

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Con una narrativa fluida y poética, este film es un reflejo del mundo capitalista en su vertiente más dolorosa, un contexto donde conseguir dinero se vuelve una prioridad a costa de la propia vida, todo para ganar reconocimiento y atención, en un mundo donde los adolescentes tienen que cargar con el peso del abandono, la violencia y la inestabilidad.

Las grandes actuaciones de los jóvenes actores debutantes Conner Chapman (con un enorme parecido a Thom Yorke) y Shaun Thomas sostienen esas majestuosas imágenes decadentes y crudas con una naturalidad impresionante sin artificialidad o exageración. Un film muy recomendable, en el que se vale llorar.





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