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Macbeth
Por Enrique Dorantes


En una semana en la que se celebra el día mundial del libro, y en la que José Emilio Pacheco recibió el galardón más importante para las letras latinoamericanas sólo detrás del nobel, Resonancia Magazine se remonta a los viejos clásicos y da su lugar a un inmortal de la literatura mundial, que sin lugar a dudas, marcó un lugar en la historia como uno de los más grandes escritores que han pisado el planeta Tierra, William Shakespeare.


Dramaturgo inglés que combinó la dinámica de éste tipo de obras con la genialidad de su prosa y sabiduría extraordinaria; para principios del siglo XVI, con fecha exacta desconocida, el gran Will escribe Macbeth, obra que en cinco actos narra la historia de un héroe de guerra, que contagiado por la ambición de su esposa se decide asesinar a Duncan, quien fuera Rey de Escocia, para poder arrebatarle el trono.


Los simbolismos que utiliza el escritor crean un ambiente de infelicidad y de culpa en los protagonistas de la obra. El poder como fin último, se ve seriamente cuestionado y amenazado por los valores que son entregados en un intercambio que parece conveniente para Macbeth, pero que no dejará de atormentarle.


Una situación que a pesar de los años se mantiene con cierta vigencia. El hombre que busca el poder sin importarle el hecho de perder la dignidad, el orgullo, su moral (que en la política no es más que un árbol de moras), y la lealtad. Macbeth encierra una infinidad de visiones, todas dignas de ser estudiadas a detalle.


Macbeth también puede ser vista y escuchada, gracias a las adaptaciones cinematográficas que nos han regalado directores de la talla de Orson Wells (Macbeth, 1948), el mestrazo Akira Kurosawa (Trono de Sangre, 1957), y el polémico Roman Polanski (Macbeth, 1971), entre otros; sin olvidar la opera de Strauss de 1890 y de Giuseppe Verdi, en 1847, todos basados en las líneas que escribiera Shakespeare, cuando todavía no cumplía 25 años.




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