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Por: Iris Atma / @IrisAtma

Creación Colectiva se presentó el sábado 16 de agosto en la Plaza de Armas de Querétaro, en el contexto del festival internacional siguienteescena. El código que permite a los 19 creadores de diversas disciplinas y nacionalidades integrarse en una sola producción es el arte.

Cada año esto queda manifiesto ya que el festival promueve expresamente el intercambio cultural al fomentar una obra colectiva con la participación de los artistas invitados. ¿Somos causa o efecto?; hay quien dice que la conciencia se incrementa cuando reconocemos que somos parte de un todo, en el que a partir de mayor humildad e integración, fluimos de mejor manera.

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Para los artistas de las artes escénicas, probablemente el ego sea un obstáculo a vencer a fin de lograr la interdisciplinariedad, ya que esta requiere que diversos creadores colaboren con una relación horizontal, con objetivos comunes, de forma interactiva, desdibujando las fronteras de sus propias prácticas, suposiciones y paradigmas disciplinares. Inicia la acción: Ella transita por la audiencia, a la manera de una gran señora del pasado, con un séquito de tres caballeros, a su derecha un hombre que la ilumina, lámpara en mano, y dos bufones cuyos marcados gestos hacen reaccionar a chicos y grandes.



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En el escenario, entre humo y sonidos de baja intensidad que recuerdan lamentos, los actores deambulan como niños o almas perdidas -¿Cómo los niños perdidos amigos de Peter Pan?- El ritmo se incrementa con percusiones y flauta, lo que parece despertar el deseo y la persecución por parejas. Después el contraste de los ritmos suaves en música y danza con los acentos agudos de la flauta y estiramientos de brazos y piernas nos remite a un nacimiento colectivo, del que surge por sobre del círculo grupal una mujer sostenida de un trapecio. Ella se columpia y realiza malabares, sus compañeros danzan con la voz de Mariel…

La escena concluye cuando un bailarín la ayuda a descender y al recibirla entre sus brazos. Bajo la dirección escénica de Karen Berlal y Javier I. Moreno, mexicanos, los creadores enlazan sus habilidades e inspiración para esta obra que genera la sensación que todos somos uno. La dirección musical de Mariel Mariel y Andrés Landon, de Chile, provoca un tejido sonoro que fortalece la unidad de los diversos actos y la intensidad emocional de los mismos.

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El vestuario, esa “segunda piel del actor”, con la firma de Gina Paris en diseño y de Gina y Rosa González en realización, presenta una serie de variaciones temporales que remiten a diversas culturas, aunque con un protagonismo del Siglo de Oro. Los tonos tierras y beiges se asocian con suntuosos corsets y pelucas altas, licras y lentejuelas, tutús, medias y brocados. La elección de colores neutros ayuda a dar unidad una obra que tiene sólo cinco días de gestación. Diversos actos se suceden, con uno u otro protagonista, ya sea el que le dice a su madre que no lo arrope demasiado, o quien se sostiene de las alturas por una argolla que sobresale de su peinado, otros danzan de forma erótica, un grupo presentan destrezas de fuerza y equilibrio, y la conclusión festiva es una danza colectiva con acentos neón, a la par de una trapecista quien sobre el público, por momentos desafía la ley de la gravedad.

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Creadores: Argentina: Lola Castelli, Santiago Manuel. Bélgica: Esbergsson – ILAII A.C. Canadá: Franklin Luy. Chile: Cristobal Tovar, Andrés Landon, María Pinchulef, Mariel Villagra Arias, Sebastián Sotomayor. España: Germán Caro Larsen, Ingrid Berman. México: Gabriela Muñoz, Gerson Edgar Gómez, Julia Sánchez, José Luis Martínez, Yuridia Ortega, David Martínez Barranco.

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