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Por: Marianna Stephania / @geminiac

Cuando visitó México, André Breton dijo que México era un país surrealista. Ante la mirada del extranjero, el país se ve como un lugar en donde reina el absurdo, la magia y el desorden. En el libro Canciones Mexicanas (Almadía, 2013) Gonçalo M. Tavares narra situaciones descabelladas basadas en la experiencia que tuvo al viajar a la capital del país en el 2010. Tavares (1970) es uno de los escritores más prolíficos de la actualidad, cada año publica al menos un título. Ha ganado importantes premios literarios, entre ellos el Premio Literario José Saramago en el 2005 y el Premio Internazionale Treste 2008.

El narrador es el extranjero, el europeo que visita México y que no entiende lo que sucede a su alrededor. Una visión del mundo basada en la racionalidad y el orden se ve cuestionada cuando se enfrenta a un mundo en donde la religiosidad, la magia y la violencia son los principales elementos en los que se basan las explicaciones a un mundo que parece no tener lógica. El absurdo incomprensible es el trasfondo de todas las historias de Canciones mexicanas. Como le dice un personaje al narrador: “tú has venido de fuera y no entiendes nada, eres una especie de ignorante, de estúpido que piensa que la maldad y la violencia aparecen en momentos determinados, como si fueran un tesoro, en los momentos excepcionales de tu vida tienes derecho a la violencia, eso es lo que piensas, y eso muestra que no entiendes nada, aquí la violencia surge antes de que el niño use zapatos y después continúa…”

El extranjero no sólo tiene miedo de lo desconocido, sino que se encuentra solo en una ciudad que se caracteriza por la violencia, por eso se siente constantemente amenazado, hasta por los niños. Las diferentes historias que conforman este libro muestran una fascinación casi morbosa a un país en donde parece que todos están locos. El Distrito Federal no es una ciudad, es un manicomio.

El personaje del guía es el mediador, el que enseña al extranjero a tratar de comprender el mundo que habita, pero aun así la explicación siempre recurre a la magia de las cosas, es decir, el protagonista nunca puede entender y siempre queda asombrado, rebasado por la conducta de los mexicanos. El narrador también se sorprende de la cantidad de personas que viven en la ciudad. Se asombra y dice: “Salgo a la calle y qué calle: no hay calle, todo es gente.” Cualquiera que haya caminado en fin de semana afuera de la Catedral, en la calle de Madero o cerca de Bellas Artes comprenderá esa sensación de ser parte de una multitud que nunca te permite detenerte. Así es el Distrito Federal, movimiento perpetuo.

A pesar de la diferencia de temática con sus libros pasados, el autor de Jerusalem mantiene su estilo breve y conciso, la exactitud con la que construye sus historias logran un ritmo rápido, al igual que el ritmo con el que se vive en la ciudad. Las historias se pueden leer de manera independiente, pero al estar reunidas, muestran el panorama de un lugar incomprensible, una ciudad que tiene sus reglas pero que nadie las explica, que se aprenden en la cotidianeidad, desde la infancia. En realidad, la gran protagonista de Canciones mexicanas es la ciudad. De nuevo se puede recurrir a la imagen del monstruo, un monstruo alimentado de miedo y de maldad donde “Uno empuja al otro para que la ciudad no pare.”

9786074111385

“Canciones mexicanas”
Gonçalo M. Tavares
Almadía,
2013, 92 pp.





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