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Desde hace varios años los grandes escenarios musicales del mundo han generado una sensación de vacío; nótese que sólo ahblo del escenario grande y comercial. Ha sido gradual; un proceso largo que ha pasado de tener gran cantidad de artistas generando música a solo tener unos cuantos con poco éxito, mientras cientos generan plagios y siguen formulas ya sobre explotadas que mantienen (solo) económicamente a la industria. Se podrá decir lo mismo de otros periodos en la historia de la radio musical, pero en tiempos como este el reciclaje de artistas toma un significado muy diferente cuando es posible «revivirlos». Pensemos en el Tupac de cristal que se vio en Coachella, en los esfuerzos del Cirque du Soleil con las figuras de los Beatles o de Michael Jackson, en los cientos de bandas que se «reencuentran» cada año para el placer nostálgico de sus fans. Los reencuentros han terminado por ser algo natural; ya no se cuestiona si es correcto hacerlo y pareciera que bandas como The Beatles, The Smiths, Nirvana, Joy División entre otras, se vuelven cada vez más legendarias. Lo son. Han resistido a la nostalgia, quizás ayudados por la muerte.

El regreso pone a prueba la calidad de leyenda del artista; entre los fans de los Smiths existe una reticencia al regreso, no es algo que esperen con ansias, porque también expone las memorias del fan. La memoria idealizada de haber escuchado o visto a una banda se enfrenta a la inmediatez de ver a una banda envejecida, que suele no tocar igual, y a quien se aprecia con algo de indulgencia; el mito se rompe, la memoria pierde parte de su valor.

 

¿El fin último de la música es verla en vivo? Hace algunos años las bandas no se paraban tan seguido en Latinoamérica, algunas siguen sin hacerlo. Lo que se valoraba eran las canciones, y las cosas que hacíamos con ellas; donde y con quien las escuchábamos. Era más claro que la música no era solo un evento social. Se añoraban los conciertos, pero como un encuentro de personas con gustos parecidos que al fin iba a ver a su banda favorita. Ahora el fan ya no está en un sitio de privilegio y debe mezclarse en todo tipo de personas, sobre todo con aquellas que «tienen que estar en los mejores eventos». Lo que me interesa de la situación es que el fan ya no siempre obtiene lo que quiere ni de la banda ni del público. El vacío se expande más allá del escenario, entre dos decadencias innegables que indican que una expresión de la cultura se está apagando.

 

Otra cosa fue Lila Downs ayer en las islas de Ciudad Universitaria.





2 Comments to Lo que se queda: los conciertos en decadencia

  1. Carlos Franco

    Muy interesante tu articulo. En algunos años sucedera algo interesante: las leyendas vivientes estaran finadas o demasiado viejas para poder hacer presentaciones. Se hablara de ellos como hoy se habla de Tchaikovsky o Debussy.

    Entonces habra que buscar a los nuevos exponentes los cuales gracias a Internet tienen una manera mas democratica de compartir su trabajo.

    El reto vendra en discernir, lo bueno de lo malo de lo mediocre. Internet nos da tantas opciones q es para volverse loco. Sin enbargo se hallara el modo.

  2. Fernando García

    Concuerdo Carlos. Aunque no se si internet seguirá tan libre y demócratico; y tampoco si hallaremos el modo de encontrar los alfileres en la paja.

    Saludos!

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