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En unos cuantos días, se conmemorará un aniversario luctuoso más de quien, para muchos, ha sido el más grande genio narrativo latinoamericano: Jorge Luis Borges.

En 1935, cuando el argentino apenas superaba los 36 de edad, se publica por primera vez “Historia universal de la infamia”, su primer libro de relatos ficticios, en el cual también comienza a explorar un estilo que no abandonaría jamás.
Los juegos imaginativos de Borges sobre las historias reales con las que ya se nutría como lector voraz, ven aquí un primer escalón, que no por ser preámbulo resta en madurez, sino por el contrario, revoluciona y refresca.

Entender a este juvenil Borges ya es en sí complejo, pues se advierte una habilidad y destreza que se condensa en sus brevísimos, pero sustanciosos, nueve relatos. La historia del cruel Lazarus Morell, un oscuro mesías para los esclavos en la vieja Norteamérica, es la introducción perfecta para los siguientes casos, que llueven uno a uno con vasta genialidad.

Después se encuentra la viuda que se vuelve pirata para vengar la memoria de su marido; el coleccionista de asesinatos Billy the kid, y una de las máximas de este libro: “El hombre de la esquina rosada”, en donde la escenografía que evoca el autor, al estilo del viejo oeste argentino, se combina con una historia de misterio sólo verosímil bajo la pluma de este prócer literario.

“Historia universal de la infamia” también es la apología de la maldad que hace el escritor, bajo una impresionante postura que nos permite pensar en cómo Borges se imaginaba y divertía siendo el malo del cuento.

Historia Universal de la Infamia
Jorge Luis Borges
Editorial Random House Mondadori
(De bolsillo)





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