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Pasadas las diez de la noche dio inicio uno de los conciertos más emotivos de este año. Yo sé que apenas estamos en Febrero pero hay muy pocas bandas con el tipo de setlist que entrega Phoenix o capaces de generar ese tipo de respuestas en su público y desafortunadamente, muy pocas bandas de esa talla vienen regularmente a México.

El setlist del 2 de febrero parecía repetirse al abrir con Lisztomania; canción que pondría la vara muy alta en términos de energía para todo el concierto. En ese tenor siguieron canciones como Fences y Run Run Run (la sufrió una “rockerización” junto a otras canciones de Alphabetical). Pero así, enérgicos, Phoenix mostraba una plenitud envidiable. Su baterista, Thomas Hedlund llamaba la atención inmediatamente, parecia querer comerse el mundo en una sola tajada; un baterista poderoso y hambriento de golpear su batería: ¡Impresionante!

No tan impresionante fueron las habilidades de improvisación de los Phoenix pero lo cierto es que compensaron con versiones de Everything Is Everything y Love For Granted con solo voz y Guitarra eléctrica. Una verdadera joya la última, que no habían hecho en mucho tiempo según lo dicho por el propio vocalista Thomas Marrs, quien fue un show aparte al subirse al segundo piso del Salón José Cuervo e interactuar casi tanto como podía con la gente además de sus fieles ejecuciones de cada canción. Para el final del concierto volvió al escenario a través de la gente para terminar de interpretar 1901. Marrs jamás dejó de emocionar al público, haciéndolos participes en cada momento posible y haciéndolos cantar junto a él, quien parecía asombrado de no poder cantar solo en ningún momento.

Fue un concierto de aquellos que pueden dejarnos una amplia sonrisa en el rostro, aun cuando sabemos que hubiéramos querido más porque la banda que estaba enfrente era capaz de darlo.

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