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17 y 18 de octubre 2010

“Gracias por invitarnos a su espectáculo”, eso dijo Kim Deal al final de su segunda presentación en el Teatro Metropólitan, un comentario inofensivo que revela la euforia provocada por esa banda llamada Pixies, un furor que desde hace años se percibe tan diferente entre el público de todos sus conciertos y el grupo, sólo basta ver los contrastes en su documental LoudQuietLoud para percibirlos.

También muestra el estado anímico de los cuatro Pixies. La gira Doolittle 20th Anniversary ha sido muy larga y finalmente concluye con su concierto número 58 en Guadalajara el día de hoy (19 de octubre), por eso es comprensible que después de tocar muchas canciones más de 50 veces, la bajista inicie la despedida de sus últimas presentaciones diciendo que ya quiere irse a dormir.

El tour en honor del lanzamiento del disco Doolittle hace 20 años llega a su fin, con unos Pixies posiblemente cansados de provocar euforia, tal vez quieren un poco de silencio… aunque no se nota tanto cuando escuchas a Black Francis (o Charles como le llama Kim en el escenario) soltando gritos desgarradores y ves como el punk hierve en su voz con cada una de sus composiciones. Lo mismo se percibe en sus tres compañeros, saben que hicieron grandes canciones y que no hay errores en ellas, es si o si, el público adorara cada una de ellas incluso si no hay grandes variaciones de un set list a otro.

Llegando al antepenúltimo y penúltimo concierto se siente ya muy ensayado lo que sucederá, Pixies sabe que el ánimo del público se encenderá con canciones específicas, Francis dirá “rock me Joe” sin falla en Monkey Gone To Heaven, Kim presentará con alegría a Dave Lovering antes de cantar La La Love You y que todos silbaremos y diremos “yeah” en el momento adecuado, saben que será un éxito el momento en que ceden el espacio a Joey Santiago en Vamos para que se luzca con sus pedales, saben que ya al final no podrán evitar poner cara de flojera cuando tocan Where Is My Mind? y que Gigantic es el momento de saludo y despedida para irse a dormir.

Si, esa formula ya la tienen muy ensayada, sin embargo el hecho de que los cuatro le cedan su lugar a la música de Pixies hace que sus conciertos sean sumamente eufóricos. El grupo puede aventarse al menos 24 canciones de un tirón, sin colocarse como protagonistas, se trata de la música, no necesitan aventarse discursos de porqué el disco Doolittle es importante para ellos o para nosotros, no se detienen a recordarnos que se fueron y que están sumamente contentos por regresar, ni siquiera se dejan mostrar completamente, gran parte del tiempo las luces los rozan ligeramente y tocan en la penumbra, permitiendo que las iluminación se dirija hacia nosotros para deslumbrarnos.

De eso se trata, de deslumbrarnos, atascarnos con música sin parar y hasta que pierdas la voz tratando de seguir cada grito de Black Francis. Ambos conciertos en el Teatro Metropólitan de eso trataron, de euforia sin parar, el primero con 28 canciones y dos encores y el segundo con 26 y un encore, pero con el agregado de Cecilia Ann, Rock Music y Winterlong que no tocaron en la primera fecha en el Metropólitan ni en el festival Corona Capital.

A final de cuentas ese es el contenido de todos sus conciertos, no hay muchas variaciones, las canciones son prácticamente iguales a como las escuchaste en sus discos (con diez veces más punch obviamente), pero la música de Pixies en este caso es suficiente, la euforia se siente sin importar que el set es casi igual al de ayer o al de antier. Ahí es donde entra eso de que el público se convierte en el espectáculo, cada nota y cada frase se repite como ellos nos las enseñaron y se siente sumamente bien poder cantarlas (o gritarlas) con Pixies, ahí deja de importar que sus integrantes ya estén cansados, porque con cincuenta y tantos conciertos detrás, el grupo se sigue entregando musicalmente como la primera vez… al menos eso quiero suponer.






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