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Este documental no necesita presentación. El título no podría ser más claro y cualquiera que haya gozado en algún momento de las carreras de Formula 1 no necesitará leer algo para convencerse de ir a verla. Sin embargo, para todos los demás, quienes tal vez no piensan en como agarrar una curva mientras van manejando y no se imaginan cómo sería el camino a casa arriba de 300 kilómetros por hora, el documental no parecerá tan atractivo.

 

Las carreras de autos, sobretodo recientemente, son acusadas de ser un deporte sin alma, un conjunto de tecnología con poca intervención del azar que trae la participación de un ser humano tras el volante. Y tal vez esto tenga algo de razón, pero no siempre fue así. Senna nos deja ver una etapa anterior del automovilismo junto a un conductor que lo entendía de un modo muy diferente: «Sólo correr» dice Ayrton Senna en diferentes ocasiones.

Senna había aprendido que los premios, la fama y la política eran insignificantes ante el placer de correr. Desde luego, para que esto fuera posible el piloto debía tener mucha mayor influencia sobre la pista y esto es lo que ahora hace posible Senna. No es sólo un tributo al gran corredor, sino también a una etapa del deporte, donde el héroe es capaz de dominar una máquina contra las fuerzas que lo quieren detener.

Alain Prost, el villano del documental, es la perfecta antítesis de Senna, pues también representa al deporte antes de la llegada de Ayrton. De este modo se establece la dinámica del documental, que verá a Senna ganar la carrera más emotiva de su vida, pelear victorias en la mesa, vivir la apoteosis a manos del pueblo brasileño, y así mismo, morir cuando las circunstancias lo ponen en un lugar equivocado, cuando se enfrenta a otra presencia revolucionaria de este deporte: el coche del equipo del equipo Williams, el antagonista final de Ayrton Senna.

 





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