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Scar Tissue. Desde que lees el título del libro comprendes que Anthony Kiedis hablará predominantemente de sus continuas entradas y salidas de hoteles, desintoxicaciones-intoxicaciones, carreras contra la culpa, el inmediato olvido del remordimiento y su constante búsqueda de traficantes para satisfacer su dependencia a la cocaína y la heroína, y que su abuso algunas será mostrado como un gigante demoledor del trabajo creativo de Red Hot Chili Peppers.

Omitiendo múltiples fragmentos, hay algo que te empuja a salirte del libro y buscar algo ese párrafo donde habla sobre John Frusciante, el guitarrista que abandonó en pleno estado de paranoia la gloria del grupo durante Blood Sugar Sex Magik y en medio de su propia lucha contra la adicción se convirtió en un genio por cuenta propia y lejos del abismo de Kiedis y Red Hot Chili Peppers.

“John y yo no habíamos tenido mucho contacto desde que dejó la banda, excepto por algunos momentos no planeados y raros en que nos cruzábamos. Aun ahí, uno pensaría que habría un montón de resentimiento, enojo y disgusto, bordeando el odio, pero cada vez que lo veía, no se manifestaba nada de eso… Había escuchado todas estas historias de terror sobre el descenso de John hacia el infierno de las drogas, y sabía que Johnny Depp y Gibby Haynes, el cantante de Butthole Surfers, habían hecho un documental describiendo las escuálidas condiciones en las que vivía John. Si viste esa película, sabias que esa era la casa de una persona que no tenia ningún interés en la vida, que no fuera drogarse y pintar.

También escuché sobre las entrevistas que John les daba a los periodistas contándoles sobre el uso de la heroína. Hasta se drogaba durante las entrevistas… Había un montón de gente que estaban glorificándolo y queriendo participar y obtener drogas gratis. Lo admito, su arte, las canciones que estaba escribiendo, eran geniales, pero no me sentía bien aprobando el fallecimiento de esta excéntrica persona. Este muchacho, solía ser mi mejor amigo y ahora se le estaban cayendo los dientes, entonces no lo veía como el resto de la gente podía hacerlo: ‘Oh, él es un genio. Está bien’. A mi no me importaba si era un genio o un maldito idiota, se estaba pudriendo, y no era divertido verlo”.

Afortunadamente no tenemos que verlo como Steven Drozd, inyectándose y explicando su adicción en el documental The Fearless Freaks de Flaming Lips, sin embargo lo que lograron Johnny Depp y Gibby Haynes en el corto Stuff es un reflejo de un estado mental, tanto visual como sonoro, con planos secuencia sobre un departamento infestado en caos, además de Frusciante descendiendo físicamente y ascendiendo a través de la música, sólo observen el vídeo, súbanle el volumen y sientan un poco de claustrofobia acompañada de escalofríos.





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