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Dada la naturaleza de ésta columna semanal, no es sorpresa que la música, específicamente la música que invade el cine, es algo que me apasiona. Antes de que el furor se confirmara, escuché sin parar durante semanas el soundtrack de Scott Pilgrim Vs The World, pero escuchar un material sin el contexto de las imágenes que lo acompañan puede ser una experiencia incompleta. Ese no es el caso aquí, el soundtrack es fuerte, cercano a una cinca mezclada perfecta (gente inmersa en la cultura del cassette, ustedes entienden).

La música de Scott Pilgrim Vs The World es uno de los soundtracks mejor pensados que se han hecho en los últimos años, porqué no sólo se trata de canciones pegajosas y batallas de bandas, se trata de Beck haciendo música para la banda Sex Bob-Omb y Kevin Drew y Brendan Canning de Broken Social Scene y Metric poniendo voz al grupo Crash and the Boys. Sin embargo lo que demuestra desde el principio hasta el final el espíritu del filme es el score de Nigel Godrich, quien no sólo se sumergió en el chiptune, también inicia la película con una variación de 8-bits del tema de Jerry Goldsmith para Universal Pictures.

La música de bits es la que pone todo el tono de Scott Pilgrim, la que hace la conexión con todas las referencias de videojuegos, que a final de cuentas es todo el universo de Scott Pilgrim. Y tiene sentido para las personas que han pasado demasiado tiempo comiendo cómics y generando el síndrome de túnel carpiano, por eso identificaron el tema de The Legend of Zelda sin problemas.

Obviamente sabemos que al llegar el chiptune al cine sólo significa una cosa, ya no es under sino mainstream, pero no podemos dejar pasar la importancia de la música de 8-bits y todos los sonidos tomados de viejos juegos de Nintendo, clásicos sonidos de Mac y más, lo que hace que cada fragmento de sonido de la película sea raramente familiar. Resulta extraño porqué con demasiado chiptune y música de 8-bits, puedes descubrirte detestando cada momento de Scott Pilgrim Vs The World.

Afortunadamente, algunos pueden ofrecer música real que puede provocar un impacto sin convertirte en un geek demasiado retro, tan retro como para remontarte a los tiempos del sonido disco y su invariable ritmo, juguetón y contagioso, culpable de que la industria japonesa de los videojuegos incorporara en un principio los sonidos de 8-bits en cada uno de sus productos, tan agudos que inmediatamente alejaron a los adultos de las salas de videojuegos para convertirlas en territorio completamente juvenil.

Claro que se nos olvidó crecer y continuamos inmersos en la oscuridad y el brillo de la pantalla, pero ya pasados los 80s, la característica música de los juegos de arcade se convirtió en la primera escena unificada, creada enteramente por la Internet, alentada con el único fin de la experimentación electrónica y la motivación de sentirse parte de una escena hacker-punk underground.



Con la escena musical del chiptune se crea un puente entre el arte y la moda, reavivando las expresiones de rebelión y confrontación, vuelven las computadoras personales obsoletas como la Commodore64, ZX Spectrum o Atari 2600, video juegos portátiles o cualquier aparato que tenga un chip de sonido. Los samplers, sintetizadores y juegos con circuitos alterados están creando un nuevo estilo de música popular con base en la tecnología antigua, pero con perspectivas contemporáneas.

Tal vez es hype y exageración, pero con un filme cargado de sólidas canciones y con múltiples referencias a la cultura popular, es imposible no celebrar ver Scott Pilgrim Vs The World, porque sin duda, es el filme más geek de éste año. Y aunque tiene sus fallas, es la adaptación más cercana que se ha hecho de la fuente original. Yo disfruté mucho saliendo del closet. Fui completamente geek al menos durante 110 minutos.

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