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Aunque el primer comentario podría ser “es otra película sobre la guerra en Irak”, esa primera impresión se quedaría corta, porque más que un filme sobre soldados, es una historia sobre la adrenalina y la adicción a la zona de combate.

La directora Kathryn Bigelow logra asentar ese concepto desde el inicio, se trata de una película sobre elevados estados emocionales, con hombres bastante jóvenes involucrándose en un riesgo que en múltiples ocasiones parece una lujuriosa danza con la muerte. Aunque en Point Break (1991) y Strange Days (1995) logró transmitir esa necesidad por la adrenalina, en su última película encuentra el lugar correcto para ese extremo: un escuadrón anti bombas en medio del infierno de la guerra en Irak.
Dejando a un lado las razones políticas, sociales o cualquier otro tema que podrían surgir en un filme ubicado en esa zona, Bigelow se encarga de darnos esas vueltas al estómago con una visión de documental, con una intensidad casi de realidad que se mezcla con momentos de bizarra belleza en cámara lenta y tormentas de polvo en medio de temblores explosivos. Por instantes te encuentras dentro de la acción, como parte del patrullaje con cámaras de mano, un truco diseñado para sacarte completamente de balance mientras escuchas una ráfaga de disparos.
Lo sorprendente es que la película por si misma dice poco, no hace más que seguir la guardia diaria de una unidad buscando IEDs (Improvised Explosive Devices) en Baghdad, pero eso hace que la participación sea visceral, que la agonía de cada día en activo sea una tirada de dados. Cualquier misión “regular” puede ser un terrible error y tu estás en el epicentro de una crisis donde desde un niño, un adulto, una bolsa de basura, un reloj o incluso una cabra se convierten en un posible detonador, pero esos son sólo elementos, el verdadero detonante del drama son los integrantes del equipo, su impredecible comportamiento y la idea de que “la guerra es la fuerza que les da sentido” y que “la guerra es una droga”.
Tan pronto como vemos las ideas del héroe/villano/trastornado Sargento William James (Jeremy Renner) y su adicción a ese repentino flujo de sangre al desactivar trampas mortales, que no se detiene ni con dos compañeros en peligro, adquirimos la tensa premisa que la directora quería entregarnos con The Hurt Locker: un hombre cerca de la muerte debe estar en la frontera de convertirse en un psicópata.
The Hurt Locker te deja golpes, es una brillante experiencia que te da pocos respiros y cuando te los da descubres que estas en medio de la tensión, esperando que algún hombre active la bomba con un teléfono móvil o que aparezca en la reverberancia del desierto un comando armado enemigo. Literalmente, es el más excitante filme que verán este año. Olviden la etiqueta de Irak, sólo vayan a verla y dejen que los escombros vuelen sobre sus cabezas.




1 Comment to The Hurt Locker

  1. resonancia magazine

    Pues el tiempo te ha dado la razón Kari. Tu recomendación, de noviembre del año pasado, resultó ser la película del 2009 según la Academia.

    Habrá que seguir a detalle todas tus recomendaciones!

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