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Memoria de mis Putas Tristes
Por Enrique Dorantes

Con motivo de la llegada de la primavera, estación que acontece año con año sin faltar entre el invierno y verano, y que de acuerdo con la vieja sabiduría popular es responsable de la carga hormonal desenfrenada y los impulsos carnales más licenciosos, les va una de putas y ancianos “rabo-verdes”, para no desentonar y entrar llenos de energía con el equinoccio.

Gabriel García Márquez, publica en 2004 (Colombia), el que es hasta ahora su último éxito y trabajo literario, Memoria de mis Putas Tristes; novela que se remonta a la década de 1930 y la cual narra la historia de un anciano que a la llegada de su cumpleaños número noventa decide darse un regalo muy original y poco usual para las limitaciones que promete tan longeva estancia terrenal.

Es así como se encuentra en el burdel de Rosa Cabarcas, mujer lenona que sorprende a los distinguidos visitantes con jovencitas virgenes que roban la mirada y el deseo de los mismos. Nuestro héroe, el hombre de las nueve décadas y contando, nos transmite su historia narrada siempre en primera persona, lo cual hace una invitación al lector a ponerse en su viejo cuerpo y vivir en tiempo presente experiencia tan impúdica pero digna de la imaginación, gracias a la redacción del colombiano.

Una narración que constantemente hace referencia a otras obras literarias, incluso se advierte un parecido inconfundible con la novela de Yasunari Kawabata, La Casa de las Bellas Durmientes. El anciano se enamora aquél día por primera vez (y última, de acuerdo a la esperanza de vida) de una joven de 14 años, lo que hace polémica la trama de la novela (los sacerdotes católicos deben estar espantados, al parecer este es un caso de pederastia).

La vida de nuestro protagonista ha sido dedicada en un cien por ciento a la lectura, el conocimiento del arte, a su trabajo como periodista y a su afición por las mujeres de paga y esquina, pero por primera vez consumaba su enamoramiento a una edad poco oportuna para ambos.

La alegoría es acerca de la edad y el aprendizaje en materia no didáctica; también sobre las limitaciones del pensamiento y del cuerpo en la senectud, que desembocan en una insatisfacción atormentadora. La vejez como obstáculo para la sexualidad y el deseo; además del vacío existencial que no es exclusivo del anciano de la novela de García Márquez, sino una constante para la mayoría de las cabecitas de algodón, que se arrepienten más de lo que no hicieron que de lo que llegaron a hacer en sus años mozos.

Se trata de una lectura ligera, pero que no transmite tanto como la espectacular Cien Años de Soledad, es un libro más en el acervo de García Márquez, con destellos de brillantez como debe ser, pero que atrae más por el morbo que por la calidad de la prosa y la trascendencia de la historia. Y no se confunda jamás como una invitación al viejo vicio religioso de la pederastia, como en algún momento se quiso interpretar; se trata de literatura, no de un libro de texto.

Memoria de mis Putas Tristes
Gabriel García Márquez
Editorial Diana, México 2004





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