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Cuando el lector se introduce de lleno en la novela emblemática de William S. Burroughs, El almuerzo desnudo (lanzada originalmente en 1959), la observación inmediata será la de apreciar, prácticamente a detalle, la telaraña dentro de la mente del maestro de la literatura norteamericana durante su época de mayor percepción cocainómana, morfinómana y yonqui.

El almuerzo desnudo llegó a los ojos de los confundidos lectores hace ya más de medio siglo. Para nuestro tiempo, ya no hablamos sólo de una novela nada lineal y cuya trama no se encuentra nunca en un principio ni en un final, sino que nos referimos a ella como todo un acontecimiento de la Generación Beat y, sin lugar a dudas, un libro de culto y parteaguas de la literatura estadunidense.

La novela es en gran parte autobiográfica, como bien lo llegó a comentar el mismo escritor. Y no sólo aborda experiencias de William Lee, una especia de álter ego Borroughsiano, también rescata reflexiones que golpean de forma contundente los prototipos de moralidad, en los que se esfuerza en creer una depravada y decadente cultura norteamericana.

Basta con recordar las palabras que Allen Ginsberg utiliza para describir el estilo de éste gran mago de la letra, y que retoma editorial Anagrama en su epílogo: “Burroughs es también un auténtico poeta. Una página de su prosa es tan densa en imágenes como cualquiera de Saint-John Perse o Rimbaud”.

Amén de uno de los máximos talentos y una de las mentes exquisitamente desequilibradas que han dejado huella con su polémica e insubordinación a lo moralmente impuesto por el  establishment.

El Almuerzo Desnudo

William S. Burroughs

Editorial Anagrama

Barcelona, 2007





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