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El sexo que viene

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Prácticas y Consumo Cultural, elaborada por Conaculta en el año 2005, el 41.1 por ciento de los mexicanos utiliza su tiempo libre para ver televisión, mientras que la lectura de periódicos es una práctica común en el 4.6 por ciento del universo encuestado.

Las tecnologías digitales poco a poco se han adueñado de los espacios, y del tiempo de los mortales. La máquina de escribir también ha quedado notablemente obsoleta con la llegada de los ordenadores; las guerras ahora se hacen vía control remoto y no como en los leales cuerpo a cuerpo de troyanos o espartanos (nótese la influencia cinematográfica); las mismas películas de gran presupuesto se filman en cuartos de diez por diez, para que en la pantalla grande se conviertan en espectaculares paisajes. Y ni hablar de los videojuegos o celulares de última generación, los cuales se presentan solos.

Roman Gubern, en su ensayo El Eros Electrónico, se aventura a un estudio antropológico que parte de la influencia de estas nuevas tecnologías de información, comunicación y entretenimiento. La invasión vital a la que pueden llegar éstas formas de comunicación, han llevado en algunos casos al aislamiento, a la reducción de la interacción interpersonal (física); y a la búsqueda de la autosatisfacción con soluciones prácticas para la vida moderna.

Realidad virtual que amenaza con reducir a personas a la comodidad de un escritorio y convertirlas en robots incapaces sin su software pc o mac al alcance. Cierto es, y debe ser reconocido, el uso de estas nuevas tecnologías han apoyado a una inmediatez de la información, a una nueva gama de entretenimiento basado en la conjunción ciencia-tecnología; a la reducción de distancias físicas como por ejemplo la comunicación vía chat; a la unificación de las fuentes en un sólo universo virtual, etcétera.

Pero también es una realidad que el acontecer cotidiano a veces se nos pasa mientras el facebook y los melodramas televisivos se roban toda la atención. El sedentarismo, el egoísmo y el hedonismo también han triunfado con el avance de estas nuevas formas de entretenimiento que al parecer han contribuido al aislamiento emocional. Tanto que la dinámica de la escena tecnológica sea la abastecedora de los orgasmos de las comunidades en un futuro no muy lejano.

Sexo gracias a la inteligencia artificial, sin extrañar contactos físicos, olores o sabores, tal vez hace quince años hubiese sondado ridículo, hoy no. El cine porno para entonces quedará, como lo menciona Gubern: “como un documental sobre la erección, la felación, el cuninlingus el coito vaginal y anal”, y la convivencia humana cada vez más, como un invento pasado de moda.

Roman Gubern (Barcelona, 1934) ha desempeñado entre otras funciones, como investigador en el Massachusetts Institute of Technology y ha sido profesor en la University of Southern California (Los Angeles); director del Instituto Cervantes en Roma y presidente de la Asociación Española de Historiadores del Cine, etcétera. Su curriculum completo se puede apreciar en su sitio: http://www.romangubern.com/

El Eros Electrónico
Roman Gubern
Editorial Santillana S.A.
Madrid, 2007





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