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Dice un proverbio de las mesas de redacción periodística: “Como escuches serás oído”. Pero el periodismo moderno debería decir: “Como investigues serás leído”.

A finales del 2010, Miguel Ángel Granados Chapa lo anunció en su columna Plaza Pública: Televisa se encontraba en platicas con Grupo Salinas para adquirir una buena parte de las acciones (la mitad) de Iusacell, y así competir también en telefonía móvil con su ahora acérrimo rival, Carlos Slim.

Debido a que las pláticas privadas de este tipo no son legales, tanto Televisa como Grupo Salinas negaron las negociaciones y exigieron que Granados Chapa ofreciera una disculpa pública.

Quizá él no quiso “quemar” a sus fuentes o realmente no tenía la forma de comprobar las transacciones que se cocinaban en lo “oscurito” (lo cual no es muy posible), pero terminó por disculparse por el mismo medio, esa columna que durante más de 30 años no sólo alcanzó el más alto grado de veracidad, sino que además dictó agenda periodística y, por si fuera poco, era redactada con la elegancia del periodismo más depurado.

El tres veces Premio Nacional de Periodismo salió triunfante a pesar de las disculpas ofrecidas cuando, en abril de 2011, Emilio Azcárraga (titular de Televisa) y Ricardo Salinas Pliego (Presidente de Grupo Salinas) anunciaron que sus emporios se unían a través de Iusacell, lo cual confirmaba las aseveraciones que meses atrás había hecho públicas Granados Chapa.

Las nuevas tecnologías y los fugaces medios de comunicación que han surgido con ellas, léase las redes sociales, han colaborado a que el periodismo tenga cada vez menos de investigación y cada vez más de crédulo y de confianzudo.

De ahí que existan personajes tan bizarros como el italiano Tomasso Debenedetti, ese “seudo-periodista” que durante tanto tiempo realizó entrevistas a personajes relevantes a nivel mundial, entre ellos Mario Vargas Llosa, Joseph Ratzinger, Noam Chomsky y Philip Roth, hasta que este último lo desenmascaró. Debenedetti había inventado todas sus entrevistas.

Lo hizo de nuevo este año, ahora con Paco Ignacio Taibo II (El Universal, 23 de agosto de 2010. Debenedetti suplanta ahora a Pago Ignacio Taibo II). Dice este genio del engaño que le agrada ser el campeón de la mentira, y fundamenta cada uno de sus ataques sobre la base de que en Italia los medios no se toman nunca la molestia de autenticar su información, nunca comprueban nada.

Habría que aprenderle un poco más a la vieja escuela en este aspecto, a un Miguel Ángel Granados Chapa que sabía que el único bien del periodista es su credibilidad, y la única materia prima es la verdad. Al final, sí hay una frase que el periodista debe tener en cuenta cada vez que se enfrente a la hoja en blanco, y que de alguna u otra forma, Granados Chapa, a quien hoy homenajeamos, siempre tuvo presente:

“Si tu madre dice que te quiere, no le creas; pregunta, compruébalo… investiga”.

Hasta aquí es donde debió haber terminado la colaboración de esta semana en honor a la trayectoria periodística del hidalguense, que el viernes pasado había anunciado su retiro; sin embargo, el maestro Granados Chapa falleció ayer por la tarde a la edad de 70 años.

Lo recordaremos como uno de los más grandes periodistas que ha dado este país, un tipo increíblemente lúcido hasta el último de sus días y un hombre que no perdió la esperanza, a pesar de que México respira dolor, tristeza y muerte.

Escribió en su última colaboración para el periódico Reforma (Plaza Pública, viernes 14 de octubre):

“Es deseable que el espíritu impulse a la música, y otras artes y ciencias y otras formas de hacer que renazca la vida, permitan a nuestro país escapar de la pudrición que no es destino inexorable. Sé que es un deseo pueril, ingenuo, pero en él creo, pues he visto que esa mutación se concrete.

Esta es la última vez en que nos encontramos. Con esa convicción digo adiós”.

Descanse en paz Miguel Ángel Granados Chapa, orgullo y ejemplo del periodismo.





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