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Por: Marianna Stephania / @geminiac

En el 2011 la Editorial Ficticia publicó Turbulencia Dos mil once Narrativa Michoacana Actual, el antologador fue Alfredo Carrera. El libro reúne historias de cuarenta autores nacidos entre 1946 y 1994. Desconozco la convocatoria o la manera de seleccionar a los participantes de esta antología, ya que el único criterio parece ser radicar actualmente en Michoacán ya que varios autores nacieron en la ciudad de México.

Como se menciona en el prólogo, no hay una línea narrativa en específico, hay gran diversidad tanto en los temas como en la manera de abordarlos, lo que provoca cierta confusión en la lectura ya que se pasa radicalmente de un mundo a otro y, debido a la cantidad de seleccionados, puede resultar algo pesado.

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Como suele pasar en antologías de este tipo, la calidad de las historias varía mucho de un escritor a otro, se incluyeron historias que hubieran podido quedar afuera y otras que pasan sin pena ni gloria, aunque también hay algunos autores, sobre todo los jóvenes, cuya prosa y manera de narrar resultan atractivas y pueden atrapar al lector en unas cuántas páginas, sin embargo, otras resultan tediosas, clichés o inverosímiles.

Me parece que se buscó incluir demasiados autores, se pusieron pocos criterios al momento de elegirlos y por lo tanto, aunque tenemos un panorama demasiado amplio de lo que se escribe en Michoacán, esto hace que se vuelva difícil en enfocar la vista en los casos excepcionales que vale la pena mirar. Por otro lado, después de la lectura ¿Podemos responder qué clase de literatura se hace en Michoacán? ¿En qué es diferente de la que se crea en la ciudad de México o en otros estados del interior de la república? Me parece que no hay una respuesta concreta ya que la mayoría de los autores, aunque radiquen en el mismo estado, tienen inquietudes distintas.

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Algunos de los textos más destacables son: “El acompañante” de Gustavo Ogarrio, “Federico” de Sergio Monreal, “Final con grillo” de Atahualpa Espinoza, “Jonathan” de Edgar Omar Avilés, “Apatía” de Yuri Bautista y “Azevedo” de Alberto Saavedra, aunque no son los únicos cuyas historias resultan atractivas.

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A pesar de los detalles que pueda tener la antología, las iniciativas que apoyan a los escritores jóvenes, sobre todo a los que no se encuentran en la ciudad de México, son proyectos necesarios para fomentar la literatura o las artes, ya que la cultura en nuestro país sigue centralizada. Para mí fue grato encontrarme con escritores desconocidos, cuya voz espero siga replicándose en nuevos libros.





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