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Agradezco a Liliana Martinez (@lillemar) por presentarme este cuento.

Sobre la más reciente psicosis colectiva el internet mexicano se ha encargado de poblar los timelines de memes al respecto. Los mejores son chistes, los peores expresiones paranoicas de una ciudad donde parece que el miedo puede prender cómo flama en un pajar. No es (y me temo) no será la última vez que nos suceda tal cosa, pero es también una circunstancia cubierta por la literatura, y por uno de los escritores más entrañables de nuestra lengua: Gabriel García Márquez.

Se trata de «Algo muy grave va a pasar en este pueblo», un cuento muy breve que narra la historia de cómo un pueblo ve su fin a manos de un presentimiento. En él podemos atestiguar cómo es que crece un rumor hasta el punto de llevar a los habitantes a la paranoia y el desquicio. No digo más. La ejecución del cuento también se beneficia de un poco de sorpresa.




Hay algo más. Es un cuento que utiliza técnicas de narrativa oral y Gabo lo ofreció como un contraste con la narrativa en prosa convencional, o como un agudo comentario sobre la situación de los países latinoamericanos. Es curioso que un texto con dicha temática este rodeado justo de tantos rumores. Se dice que fue contado por primera vez en un Congreso en la ciudad de Caracas en 1967 y otros dicen que en 1972. Lo cierto es que no está incluido en Todos los cuentos, por alguna razón que escapa al entendimiento de este columnista y es un texto que ha circulado entre la prensa y ahora en internet. Una especie de meme que prefiguró esta manera de distribuir información (o arte); de ahí que sea un texto usualmente leído en escuelas primarias, aunque, cómo ya quedó comprobado esta semana, no está de más buscarlo de nuevo.

(Es oportuno hablar hoy de García Márquez y aprovechar para reconocer a los periodistas que dignifican el título hoy en el día del periodista).

Aquí dejo el texto que circula por internet en numerosos sitios:

ALGO MUY GRAVE VA A PASAR EN ESTE PUEBLO

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

-Te apuesto un peso a que no la haces.

Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:

-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:

-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.

-¿Y por qué es un tonto?

-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Entonces le dice su madre:

-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:

-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:

-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.

Entonces la vieja responde:

-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.

Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:

-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?

-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)

-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.

-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.

-Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:

-Hay un pajarito en la plaza.

Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.

-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.

-Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:

-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.

Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:

-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:

-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.

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