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Ayer se anunciaron las nuevas alianzas de la ya de por si gigante Facebook: por un lado Spotify,  el servicio de música que rivaliza con iTunes y luego Netflix, que aunque ya no parece el gigante que prometía al principio, está jugando una de sus últimas cartas en una apuesta que podría salirle bastante bien.

Odio decir red social, es cómo decirle reproductor a tu mp3 o tu iPod. Además es cada vez menos preciso, porque si bien Facebook es una red social, también es otras cosas: ahora una especie de centro multimedia gargantuesco.

Lo que parece una obviedad es que ahora Facebook no sólo permitirá saber que música o películas ven tus amigos, sino también escuchar y verlos a través de los respectivos servicios de Netflix y Spotify. Acá un ejemplo de la vida cotidiana: la chic@ hipster que te gusta es amante de las películas gore y entonces tú vas a su muro a ver si la futura relación es viable. Entonces descubres que ahora tu mayor problema no es cómo acercarte a él o ella sino cómo dejar de pensar en aquellos que te rodean como pedazos de carne. Bueno, no necesariamente, porque la oferta de Netflix es muy limitada.

Ahora mismo pueden ir a su página y checar la lista de películas; incluso pueden probar el servicio por un mes gratis. Digo, si está el nuevo video de Polo Polo, pero no sé hasta qué punto ese sea el mercado de Facebook hasta ahora: es decir, el de bocinero del metro, quien por ejemplo si puede ofrecer películas pirata distribuidas originalmente por Sony, cosa que Netflix ya no puede hacer.

En fin, más allá de esas circunstancias, la adquisición y consecuente prueba de estos servicios en la red social más grande del mundo reconfigura la relación de Facebook y Twitter. Nos hace ver que ambos miran hacia puntos distintos. Facebook quiere enseñar, vender de forma directa y volverse un punto de concurrencia dentro de la red, a partir del cual se generen la mayoría de las transacciones comerciales de internet: noticias, juegos, música, películas, libros, etc. En otras palabras, quiere ser el centro multimedia de una casa, del modo en que todavía lo sigue siendo la televisión.

Twitter  proporciona un espacio: la relación entre usuario y red es de ida y de regreso a voluntad del primero. Las redirecciones enlazan generalmente a artículos, noticias y fotos que no buscan mayor beneficio económico más que el de la publicidad dentro de sus páginas en algunos casos.

En este sentido, Twitter es un servicio gratuito, mientras que Facebook sigue cada vez más el modelo de una tienda departamental. Puedes entrar a ver, probarte cosas, usar el baño y hojear las revistas, pero sabes bien que al final el propósito es que seas un consumidor, lo que finalmente sucede. Cómo siempre con estos servicios, habrá que esperar cómo se adaptan a la gente.





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