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En el mundo de la plástica, el apellido Botero nos refiere de inmediato no sólo a un artista contemporáneo de resonancia internacional, sino también a su estilo, cosa que pasa con contados creativos de nuestra época.

Y Fernando Botero es eso, un referente internacional de la pintura latinoamericana, colombiano de nacimiento, pero nacionalizado por todos los países de esta zona del continente.

Los mexicanos celebramos que el despegue de la imaginación del artista haya tenido una etapa fundamental en México, país en el que residió por varios años y donde su arte despuntó.

Que no pinta gordos, dijo alguna vez, pinta volumen. Entonces las grandes dimensiones de su arte son sólo un vehículo, y eso es lo importante, no quedarnos con que se trata de un artista famoso que sólo pinta gente grande, porque exhibiríamos claramente una ignorancia de su temática, de su proyección plástica y sus alcances críticos, así como los humorísticos.

A México llegó hace un mes Botero, de nuevo, ahora con una exposición que reúnen 170 piezas de su enorme catálogo.

Es el artista latinoamericano mejor cotizado, sus obras pueden cotizarse a la par que Riveras o Tamayos, pero está con vida, lo podemos disfrutar un poco más cerca, si se me permite la expresión.

En Bellas Artes se instaló esta colección única con la que celebró 80 años de vida y ahí seguirá hasta el 17 de junio, último día en el que se podrá disfrutar.

La curaduría corrió a cargo de su hija, Lina Botero, quien dividió las piezas por ‘género’, lo cual colabora a la comprensión y a un vasto panorama de la comunicación que este artista proyecta a través de su colorido repertorio.

No sabemos cuándo podría regresar una exposición de estas alturas de un genio con estas alturas. Es única. Es histórica. Vayan a verla.





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