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Antonio Garci publicó el año pasado una secuela inesperada, “Más pendejadas célebres en la historia de México”, la segunda parte obvia de “Pendejadas célebres en la historia de México”.

Este libro, que desde el título ya encierra una cierta picardía, anuncia un contenico mórbido, más que serio y, el resultado final, no está muy lejos de esta anticipación. Sin embargo, entre broma y broma, Garci resucita 17 hechos históricos que simplemente confirman aquella frase en la que André Breton calificó a México como “un país surrealista”, lo cual admiramos en el día a día de la desgracia nacionalista.

El autor relata la historia del Zócalo, que no es sino una base para montar un monumento. En este caso, tal construcción serviría para celebrar la independencia de México, desafortunadamente, no se empezó a construir sino hasta 20 años después y con la colocación última de una bandera en lugar de monumento. Parece una historia familiar.

“Siempre he pensado que este nombre de El Zócalo es como una metáfora de México, pues alude a la base para una obra monumental inconclusa… Ya tenemos la base perfecta… cuando hagamos lo que le vamos a poner encima ahora sí esto va a quedar chingonsísimo”, se puede leer en este capítulo del libro.

La triste historia de Jaime Nunó, el catalán creador del himno nacional y la sorprendente sustitución de Santa Claus por un nuevo amigo de los niños, Quetzalcóatl, así como la modernísima historia de la Banda del Automóvil Gris, son pasajes imperdibles del libro de Garcí.

El humor con el que acompaña el texto resulta muy ameno para llevar algunos temas salpicados de mucha historia. En general, un libro divertido, con ponzoña y sarcasmo a más no poder, pero con grandes lecciones que, de cualquier forma, vemos pasar todos los días.





1 Comment to Lugares comunes: Más pendejadas célebres en la historia de México

  1. Iturbide citó a Santa Anna en Córdoba, Veracruz, luego de saber que aquel había transado con españoles en San Juan de Ulúa. El segundo pretendió exhibirse como héroe. Don Agustín con discresiòn lo designó como su cercano en la Ciudad de Mèxico para controlarlo. Santa Anna solo le pidió permiso para ir a Veracruz y rescatar sus cosas personales. Al momento de acceder Iturbide a su petición, México quedaba sentenciado a perder el cincuenta por ciento de su territorio.

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