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“Siempre digo que me escapé de mi casa buscando libertad, pero no es cierto. Casi nada de lo que digo es cierto. Me escapé de la casa para criar mis propias esclavitudes. Más perfectas, más sólidas. Esclavitudes diseñadas a la medida de ambiciones un poquito menos estúpidas”Xavier Velasco.

Pocas veces un ejercicio de introspección literaria fue tan divertido como lo consiguió Xavier Velasco en Diablo Guardián.

En esta novela, Premio Alfaguara 2003, Velasco exhibe de forma más que hilarante las expectativas materialistas de una clase media inconforme no con lo que es, sino con lo que no tiene; la prisión en la que vive el que ambiciona sin mayor propósito que el de atesorar objetos de deseo; también es la visión del que llegó a odiar lo que hacía, el que confundió la publicidad con la literatura. Tal como le sucedió a Velasco en la vida real.

De Diablo Guardián ya se pueden decir pocas cosas novedosas, porque es una novela que tuvo, incluso, su culto, que concluyó en moda, a pesar de que la historia de la niña rebelde no es nada recién descubierto, basta recordar a la Lolita de Nabokov o a Claudine en la escuela de Colette que data de la Francia de 1900. Pero Velasco tiene una ventaja, que es su lenguaje desfachatado, desafiante, que en la primera persona de Violetta atrapa porque así son las y los rebeldes: provocadores.



Así como Nabokov se apoyo del inglés para crear juegos de palabras y situaciones que se pierden con la traducción de la novela al español, Velasco encontró en su idioma la perfecta expresión de la puta, que escondida en un cuarto de hotel, con una maleta repleta de dinero, narra su puerca vida a través del juego de la memoria, sin complejos porque a pesar de todo, es una pobre inocente.

Sí, inocente: “Eres más pura que yo porque no tienes ninguna inteligencia que vender, sólo la triste envoltura de tu carne”, así lo escribió el maestro John Fante en Pregúntale al polvo. Cuánta razón tuvo y tiene.

No olvidemos el humor de Velasco, su ironía, sus frases llenas de un ingenio medio chirriante. Una estrella de rock que escribe un libro que se codea con la genialidad y la extravagancia de la estupidez en sus personajes.

Absolutamente recomendable, y si apresuramos estos caracteres se podría enunciar con justicia que Velasco recuerda la etapa más brillante de un José Agustín que con La tumba, De perfil y Se está haciendo tarde conjugó estilos y se los apropió con autoridad.

Diablo Guardián
Xavier Velasco
Alfaguara, 2008

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