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Por Yossa Guzmán / @Lisboncut

Con un blanco y negro fantasmal, una obvia semejanza con Gus Van Sant (adolescentes, patinetas, rostros melancólicos, sudaderas, etc…) y un soundtrack de cumbia electrónica, P3nd3jo5 (2013) la película del realizador argentino Raúl Perrone es un musical, una epopeya del siglo XXI con ecos del pasado, parecería una película antigua pues da una sensación de estar viendo cintas encontradas, la música sustituye a los diálogos, utilizando placas como en las películas mudas además emplea un recurso completo con ese sonido tenebroso de fondo mezclado con ruiditos electrónicos.

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La música es el gran acompañante, el acordeón, las maracas, la danza del skate, los adolescentes son sombras que van y vienen con sus patinetas, sus mochilas, pistolas.. son rostros virginales, curiosos, excesivos en la ciudad de Ituazingó en Argentina, una ciudad que se nota abandonada, pesada y sola.

Esta ficción un tanto experimental pero con límites pues tiene una narración de la cual sostenerse, se complementa con el lenguaje corporal de los personajes, no sabemos si son personas, fantasmas o vagabundos, o las tres cosas.

Sus miradas expectantes en todo momento son acompañadas por las nubes, esas grandes observadoras que los cubren, personajes hipnotizados por su condición adolescente.

Ese es el gran tema: La adolescencia, en 3 actos y un epílogo de vagabundeo emocional lleno de competencias, chicas, dealers, consejos sobre la vida y emociones extremas: “si no te matas conmigo, me voy a matar sola” dice una chica enamorada; trae consigo una de las películas más hipnotizante que podrás ver en el cine. Cada acto tiene un elemento nuevo: una chica, un rostro que indica que todo puede suceder, un anciano, un escenario… no se sabe si la adolescencia existe o es un invento de los hombres.

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La variedad de recursos visuales que utiliza tanto a nivel sonoro como fotográfico así como las cortinillas de diálogos crea un universo de ensueño con un ambiente repetitivo en un sentido de trance, un jugueteo con los objetos sean patinetas, colchones o calles.

El parque es otro elemento protagónico, otro centro de reunión, de cacería, es en el tercer acto cuando el póster de la película cobra sentido, el adolescentes como ánima en busca de pleito, ligue o nada, quizá este acto es el más narrativo, con grandes personajes, una buena historia, una escena de “Juana de Arco” de Carl Theodor Dreyer: “¿Y la liberación?… la muerte. Son elementos que forman un desenlace abrupto y doloroso.
El epílogo se muestra circular, poético con esa música electrónica constante de fondo despide a las calles, las patinetas y a los p3nd3jo5, es un largo pasillo-poema con el deambular eterno de espíritus adolescentes (esos, quizá, de los que hablaba Kurt Cobain) enfermos de vida: “Yo estoy en la cresta de la ola”.

Una película extensa (pues dura 3 horas) pero que vale cada una de ellas, es lo que se llama cine personal, singular con precisas referencias cinematográficas, un sentido de libertad y creatividad total. La música por cierto, recuerda a NORTEC, pero es de Nomenombresway, DJ Negro dub, Che cumbé y DJ Taz.
Se presentó en el FICUNAM y se estrena actualmente en la Cineteca Nacional.





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