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La desaparición del formato físico como medio de reproducción de audio es prácticamente un hecho. Basta mirar las tiendas especializadas y ver cómo los espacios antes llenos de CDs ahora son ocupados or películas es formato Blue Ray o por juegos de video.

En un arranque de percibir ganancias por ventas de objetos físicos, las compañías discográficas relanzaron el formato en vinilo. Tales piezas de plástico son elemento novedoso para millenials que presenciaron su renacimiento comercial o para generación X y baby boomers que lo quisieron de vuelta en sus hogares.

Sin embargo el vinilo no es un objeto económico ni práctico, dos requisitos básicos para que se vuelva un producto de consumo de masas. Además tampoco tiene una mejor fidelidad como claman algunos, hecho que puede demostrarse.

Siendo verano de 2017, hice una pregunta en redes sociales acerca de la preferencia del esquema de reproducción de audio. Las opciones a responder eran dos: formato digital, el cual se refería a elementos no tangibles como Spotify o archivos contenidos en memorias USB. La segunda opción se denominó como formato físico, es decir vinilo o CD. Se permitió también responder “ambas” si fuera el caso.

Los resultados fueron interesantes, de 180 amigos de Facebook que respondieron, 8 no fueron concretos en su repuesta, 84 se fueron por lo digital y 88 escuchan aún ambos formatos. Si eliminamos las abstenciones tenemos un 51 % de escuchas de ambos formatos y 49 % que reproducen el audio exclusivamente en software.

 

 

El rango de edades de quienes respondieron es aproximadamente entre 21 y 60 año. Como probablemente el lector se imagine, la mayor parte de quienes utilizan todavía formato físico tiene entre 35 y 60 años. Ellos aún tienen la costumbre de “poner un disco”. Puedo apostar que si aplicara la encuesta a personas entre 15 y 45 años, el audio en software resultaría favorito.

Otro elemento que no consideramos fue pedir que se especificara el formato físico que oyen, si se trata de vinilo o de de CD. Es probable que esa información arrojara datos interesantes, de haber sido vinilo el ganador, podríamos concluir que su preferencia de formato físico responde únicamente de una condición de moda en el mercado actual.

De no existir esta opción exclusiva de colocar cuidadosamente un disco de vinilo, tomado de los bordes por supuesto, sobre un tornamesa y reproducirlo mientras el escucha se reclina cómodamente en un sillón. Es muy probable que los melómanos escucharíamos música a través de software con amplias bases de datos constituyendo nuestras fonotecas de múltiples géneros y épocas.

La tendencia es clara, así como muchos de los servicios que hoy la sociedad utiliza, la música formará parte de los objetos que podemos disfrutar sin necesidad de que ocupen un lugar físico en nuestros gabinetes. Despídanse estimados lectores de los objetos físicos que almacenan música.

Los más puristas que prefieren tener la música en un objeto físico no se desanimen. Siempre habrá un excéntrico con reproductores de vinilo, CD o hasta cassettes y una fonoteca enorme. El problema es que dentro unos años tendrá que contar con una habitación de clima controlado, guantes especiales y quizás hasta pinzas para tomar los discos sin dañarlos. Justo como hacen hoy los estudiosos de las obras de arte con más de 100 años de antigüedad.





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