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Como músicos es muy importante dominar la técnica: afinación, tempo e improvisación. Sin embargo hay un aspecto que en más de una ocasión los músicos, bailarines, pintores, actores o poetas dejamos de lado: La Expresión.

Cuantas veces vemos guitarristas con una velocidad sorprendente, una afinación impecable pero que… ¡No nos dicen absolutamente nada!  Más allá de que notamos se pasan horas haciendo ejercicios de digitación.

Ahora bien tenemos a gente como Jimmi Hendrix que tal vez no poseía una técnica avanzada, incluso dicen algunos expertos, era un poco “sucio” para tocar. A pesar de esto nadie puede negar que tenía un feeling como pocos.

La expresión no siempre se consigue de manera espontánea.

La palabra expresión viene del latín expremere -de ahí también deriva el verbo exprimir- ex: afuera, premere: que significa apretar u oprimir. Es decir para expresarse hay que oprimir hacia afuera aquello que llevamos dentro.

A simple vista parece sencillo pero como dice un amigo actor: “Es tan sencillo que resulta muy difícil”. ¿Por qué? Porque expresarse implica mirar hacia adentro, enfrentarnos a nosotros mismos.

El hacer la introspección nos conduce a observar nuestras propias ideas, prejuicios, paradigmas y experiencias de  vida.

En el caso de los artistas un demonio muy común es el miedo al “¿Qué dirán?” “¿Me verán raro porque me paro a cantar y bailo frente a ellos?” O “¿porque parezco joto con tal o cual vestimenta?”

Todos esos temores es importante vencerlos, sencillamente  caso aprovecharlos y permitirles salir mediante la interpretación y no permitir que la frenen resultando un trabajo inexpresivo. Aquello que creamos, puede sacar esos sentimientos, pensamientos y emociones que nos afectan. Por ejemplo: desamor, deseo, frustración, alegría, gozo, nostalgia, proyecciones, etc.

El artista debido a las características de su oficio tiene la obligación y el privilegio de buscar su expresión. Aunque es importante que todos como personas aprendamos a expresarnos.

La expresión surge en todo momento de interacción con nuestro entorno, desde la forma en como nos movemos hasta como damos buenos días a la gente cuando llegamos al trabajo o la escuela. Como conversamos con los amigos o como nos relacionamos con una chica o chico que nos atrae.

Nos fácil, es como aprender un idioma, nunca terminamos de encontrar nuevas maneras de expresarnos. Una herramienta útil consiste en auto-observarnos: ¿Cómo me siento? ¿Por que me incomoda usar negro al vestir? ¿Por que temo a ser rechazado? Una vez localizadas las respuestas hay que buscar un modo natural para que fluyan.

El fin verdadero de la expresión no es ser mejores en escena, eso se da por añadidura, sino conocernos mejor a nosotros mismos y crecer como seres humanos.

Un agradecimiento público a mis amigos el actor Mario Valenzuela y el músico -que ahora es guitarrista de Eslabón- Ramón Durañona cuyas charlas acerca de la expresión me permiten presentar a los lectores de Resonancia esta reflexión.





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