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Como músico, a pesar de que llevo alrededor de 20 años tocando, cometo a menudo errores de ejecución. Si es en una grabación no pasa nada. Stop-Rewind-Record, o como decimos en mi tierra: “Otra toma”. En vivo sin embargo la historia es distinta.

Muy al principio, en tocadas estudiantiles, cantaba o tocaba desafinado y paraba en seco. Detenía mi ejecución por larguísimos segundos y sufría. Me apenaba,  mi cara y expresión corporal sin duda delataban mi equivocación.

Con el paso del tiempo he aprendido a manejar esa situación, aunque con dificultad. Hace un par de días me ocurrió en una presentación frente a una entusiasta audiencia de adolescentes. Cerramos el show con dos clásicos del Tri y Soda Stereo y la verdad sea dicha: mi dominio de la progresión de acordes en ambos temas fue bastante pobre.

Desde luego mi lado perfeccionista-neurótico no dejaba de reclamarme lo mucho que la cagué, incluso lo comenté con el guitarrista de ese ensamble -Chucho Romero, un músico poblano con más de 40 años en el Rock – y me dijo algo así: “No importa, tan sólo piensa en lo prendidos que estaban los chavos brincando y coreando las canciones. Lo más probable es que ni se dieron cuenta de las fallas”.

Luego de profundizar en esa idea me tranquilicé un poco y recordé un aspecto esencial de la música (que aplica también a la literatura, la danza, la pintura o el teatro): Lo que al final nos conmueve en una obra no es la habilidad técnica del artista sino el mensaje que transmite al espectador. Cómo nos hace sentir.

Si se mira desde esa perspectiva, los muchachos para quienes tocamos ese día se fueron a casa contentos. Se cumplió el objetivo fundamental.

Con ésto no quiero decir que debemos conformarnos cuando cometemos errores, es importante tomar nota de ellos y buscar corregirlos en un futuro. Después de todo las fallas son las luces que iluminan el camino a la perfección. Son letreros en la autopista: Se leen, se asimilan y se sigue adelante.

Para mi la música es un contexto muy natural para ejemplificar este tipo de cosas pero esto no quiere decir que no se pueda aplicar esa filosofía en otros ámbitos de la vida. Funciona en ámbitos, profesionales e incluso en nuestras relaciones interpersonales.

 





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