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Hace unos días se publicó en La Jornada Semanal un artículo en relación a las similitudes entre la película de James Cameron, Avatar, y la biografía de Gonzalo Guerrero, el español que vivía entre los mayas. Sin ánimo de confrontación me gustaría ofrecer otra perspectiva. En dicho artículo se esgrimen las similitudes como un acto de soberbia por parte de Cameron quien se adjudica la autoría del script.

Avatar cuenta la historia de una población extraterrestre que tiene muchas semejanzas con pueblos originales de distintos lugares de la tierra, sobretodo de África. Estos son invadidos por gente de la Tierra, pues viven debajo de un mineral preciado; los invasores son un ejército de marines que viven bajo la lógica imperialista estadounidense.

Me temo que la comparación es una visión reduccionista; no solo pensar en la historia de Guerrero y la de la película como obras literarias análogas (acaso se dirá que ninguna de las dos lo es y se tendrán buenas razones) sino en evitar formular cuestiones de colonización, que son, el fundamento de las dos obras vistas literariamente. Ser capaces de mirar a través de esta perspectiva, me parece necesario. Las historias de colonización no son y no pueden ser marca registrada

Avatar no es (hasta el momento) una de esas obras de civilizados viviendo entre salvajes, porque las representaciones de ambas partes están invertidas; los más humanos son los Navi mientras el ejército imperialista persigue ciegamente su sed de fortuna a toda costa. Yo no veo razón por la cual atacar desde México una de las pocas películas de Hollywood que aborda estos temas y lo hace sin los desafortunados tropiezos de películas llenas de estereotipos y racismo (véase Apocalypto). Los Navi están infundidos con una dignidad rara vez vista en Hollywood.

Debo decir que Avatar es una película que me parece intrigante; las reacciones que se tienen contra ella revelan posiciones acerca de una cuestión, que viniendo de un país colonizado al menos una vez como México, son cruciales en la formación o el reconocimiento de una identidad. A veces incluso pareciera que asuntos como este no nos parecen importantes, o no somos capaces de reconocer una conexión entre ellos y nuestra propia historia, con minúscula.

A la vez me parece absurdo leer críticas tan negativas desde México, hacia una película que pone en evidencia el discurso del imperialismo y propone una visión del mundo alejada de la retórica actual de países dominantes.

Les propongo ver la película de nuevo y sacar sus propias conclusiones. A mi parecer, la versión extendida amplía ciertas perspectivas sobre la historia.






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