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Una pregunta común entre los amantes de la música es: ¿Qué prefieres?, ¿la versión en vivo o la versión de estudio? Existen varios argumentos a favor de una o la otra. Si basamos nuestra opinión en cuanto a la probabilidad del goce musical, creo que es mucho más factible disfrutar la música grabada.

La grabación por lo general es el resultado de continuas repeticiones del trabajo del artista en afán de conseguir “la toma perfecta”. Es la documentación del trabajo del músico llegando a un punto límite en lo técnico e interpretativo. Contrariamente a como ocurre en el show-vivo, donde cuenta mucho la actitud y disposición de los músicos en el tiempo/espacio de su actuación.

Naturalmente hay mayores oportunidades de mejorar una pieza musical cuando se puede repetir la interpretación que cuando se cuenta sólo con breves instantes para realizarla. Salvo en el caso de grandes improvisadores que han logrado momentos musicales fuera de lo común en su concierto, por lo general en las presentaciones en vivo los músicos saben qué van a tocar y cuándo lo van tocar. Esto es precisamente para disminuir los riesgos de cometer un error frente a la audiencia. El problema es que se puede caer en el vicio de repetir el mismo show una y otra vez.

Otro problema de la música viva es la calidad del sonido, la cual va supeditada a tres cosas: las características acústicas del recinto donde se hace la presentación, la respuesta del equipo de sonido que se esté utilizando y por supuesto el lugar en donde estamos sentados cuando lo escuchamos. En pocas ocasiones he asistido a un show en donde el sonido me deje 100% satisfecho como espectador.

De ahí caben también las razones no musicales que resultan adversas a asistir a un show en vivo: Aglomeraciones, lluvias, riesgo de robo, bebida y comida a precios excesivos. Por todo esto me quedo sin duda con la versión grabada de la música. Esta es mi opnión como melómano, desde luego como músico hay una opinión distinta, incluso opuesta.

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Hablar como músico de la grabación en estudio no es tan diferente a hacerlo como melómano. Como lo menciono arriba, la grabación permite un control mayor sobre el resultado musical porque siempre hay lugar para corrección de errores o repeticiones continuas de la ejecución. Además creativamente, el estudio de grabación es una herramienta que permite construir la pieza musical como si fuera una escultura o una pintura, pueden llevarse a cabo ideas que van surgiendo sobre la marcha.

En cuanto a la ejecución en vivo, mi opinión como músico se opone a mi opinión como escucha. En primer lugar, considero que tocar en vivo es un elemento fundamental en la vida del músico. La sensación de incertidumbre que produce estar en el escenario si se usa a favor puede ser un ingrediente mágico en la interpretación. Desde luego implica correr riesgos, pero son esos riesgos los que nos ayudan a crecer artísticamente.

El otro elemento importantísimo que tiene para el músico el presentarse frente a un público es la búsqueda del diálogo con el auditorio. Ningún público va a ser igual a otro y aunque se toque la misma canción una y otra vez, cada audiencia puede reaccionar de manera distinta.

Donde ambas opiniones convergen es en cuanto a la calidad de sonido, si como espectador pocas veces quedo satisfecho, como músico son contadas ocasiones en que me ha tocado un buen equipo de sonido. En el ámbito de la música independiente en provincia es un tanto peor. En muchas ocasiones los técnicos encargados se olvidan de poner un buen sistema de monitoreo, es terrible tocar y no poder escucharte, eso pasa a menudo. El hecho de que hacia la sala puedan oírte perfectamente no significa que uno como ejecutante lo perciba de la misma forma, no olvidemos que las bocinas apuntan afuera del escenario y no hacia adentro.

Con todo y eso su servidor dejará de tocar en vivo el día que muera y si puedo hacer música en vivo una vez muerto, mejor.





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