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El título de la columna quizás es bastante trillada, se me ocurrió porque define bien el tema que quiero compartirles a los lectores de Sonidos Marginales en Resonancia Magazine.

El concepto es tan viejo como el Templo Mayor, pero nunca es irrelevante, tiene mucho que ver con la música pero también cualquier otra actividad humana que implique alguna destreza física o mental.

Michael Jordan es un buen ejemplo de un seguidor de la regla de hacer las cosas paso a paso. En su libro Mi filosofía del Triunfo, el ex-jugador de la NBA tiene un capítulo titulado: “Paso a paso, no concibo otra forma de hacer las cosas”. Ahí pone como ejemplo cómo no pudo ingresar al equipo de la universidad en su primer intento y cómo en lugar de darse por vencido estuvo practicando largas horas durante un verano hasta que fue aceptado después de una segunda prueba.

Un problema a que nos enfrentamos en nuestra actual sociedad es a querer obtener las cosas no digamos a corto plazo, sino de forma  inmediata y haciendo el menor esfuerzo. Este problema es consecuencia de vivir con las comodidades de la era de la tecnología. Pensemos que hace 10 años si llamábamos a alguien por teléfono y no lo encontrábamos, no había tanto inconveniente en esperar algunas horas para llamarlo de nuevo. Hoy día que casi todo mundo lleva un teléfono consigo nos resulta desesperante no hacer contacto inmediato con la persona buscada.

Ese problema es en cuanto a inmediatez, existe otro problema que tiene que ver con el esfuerzo invertido. Normalmente las herramientas que utilizamos en nuestra vida diaria están diseñadas para ser utilizadas de manera intuitiva sin necesidad de invertir  largos periodos de aprendizaje como puede ser un celular o la computadora misma. Generalmente los equipos funcionan bien pero el día en que no lo hacen dan ganas de partirlos en dos.

A consecuencia de ésto, cuando nos enfrentamos a retos como aprender a tocar un instrumento musical, dominar una segunda lengua u obtener un título universitario tendemos a caer en impaciencias desmedidas y terminamos siendo dueños de varias hectáreas de frustración.

Para evitar ésa impaciencia vale la pena reflexionar en estos puntos:

  • La mayor parte de las habilidades humanas como caminar, hablar o razonar se han logrado a base de múltiples intentos prueba-error. Esto significa algunos años, ahora no lo vemos así porque esas tres características se aprenden desde nuestra niñez y en esa etapa de la vida no cuestionamos tanto nuestro entorno ni tampoco experimentamos ansiedad por ver el resultado.
  • El ser humano normalmente es torpe cuando recién se involucra en alguna actividad, no esperen colgarse una guitarra y estar tocando como Hendrix en 10 minutos, en situaciones donde se emplean las manos de manera distinta a la cotidiana e requiere de una constante práctica para alcanzar el dominio, no basta entender la teoría.
  • No tenemos una cultura que fomente el disfrutar el proceso para conseguir un objetivo. Los medios de comunicación, sobretodo aquellos encargados de promover un producto nos venden la idea de que lo importante es el resultado final y no el proceso. ¿Cuándo han visto un comercial donde el potencial cliente diga: “Magnífico, ahorraré la mitad de mi sueldo por cinco años y podré comprar ese….auto, casa, pantalla plana, etc”.? Normalmente el anuncio es: “Buenos planes de crédito, ¡Házlo tuyo hoy mismo!”

Ese último punto es la clave y para poder disfrutar el proceso y que no resulte agobiante, es necesario dividirlo en partes. Hoy aprendemos la escala y mañana construimos los primeros acordes. Hoy aprendo a decir Bon Jour y mañana intento leer a Balzac en su lengua natal.

Lo importante es hacerlo paso a paso e ir disfrutando el proceso, sin perder de vista el objetivo pero tampoco afanándose demasiado en obtenerlo. En ocasiones pensamos llegar a cierto destino pero la vida nos conduce a otro no esperado, muchos grandes avances de la ciencia como el rayo láser o el horno de microondas fueron consecuencia de investigaciones que miraban hacia otros horizontes.

 

 





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