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Seguramente sabes cómo funciona Spotify y te es familiar la forma en que todo el tiempo está recomendándote música nueva e invitándote a suscribirte a su servicio Premium sin comerciales. Pues bien, si ingenuamente creías que esas sugerencias de playlist y canciones nuevas no tenían otro fin que garantizar tu fidelidad como usuario, déjanos decirte que estás en un error.

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Desde el momento en que das de alta tu cuenta y vinculas tus perfiles de redes sociales, Spotify sigue de cerca cada unos de tus movimientos y somete tus hábitos musicales y tu comportamiento en social media a una serie de métricas que determinan patrones de comportamiento por rango de edad, sexo y origen étnico.

Uno de los datos más interesantes que han circulado en internet a partir de datos recopilados por Spotify en Estados Unidos arroja un dato muy interesante: En promedio, la gente deja de escuchar música nueva a los 33 años.



Las bases de datos en las que frecuentemente autorizas el acceso a tus datos y gustos personales hacen posible este tipo de afirmaciones. Las Apps aprenden de tus hábitos y proyectan tu comportamiento en una línea de tiempo progresiva.

 

 

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En el diagrama anterior, en el que el centro de la gráfica representa a la música nueva o mainstream es donde se ubican los adolescentes, quienes escuchan casi exclusivamente a las grandes estrellas del Billboard como (Taylor Swift, Calvin Jones o Mark Ronson) ignorando felizmente que existe música más compleja y menos comercial y  que alguien, detrás de la App está recogiendo datos sobre la cantidad de veces que reproduce sus melodías favoritas y las comparte en sus redes sociales.

 

Los artistas de música pop, que constantemente están generando música nueva están en el centro del círculo, en los anillos exteriores, alejados de los adolescentes, se encuentran los artistas que sufren una disminución de popularidad progresiva. El adolescente promedio en Estados Unidos está muy cerca del centro -es decir, hablamos de personas entre 13 y 19 años que escuchan casi exclusivamente un streaming de música popular dominado por las listas del billboard y las radios comerciales.

 

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Incluso en la era del internet, las radios comerciales y la televisión son el punto de partida donde los oyentes jóvenes comienzan su viaje musical hacia los servicios de streaming. De esta forma se explica que los adolescentes lleguen a Spotify totalmente influidos por el Billboard 200 antes de ramificar hacia fuera.

En la medida que los usuarios envejecen y superan su adolescencia, inician su camino fuera del centro del círculo de popularidad. Cuando los adolescentes se convierten en veinteañeros, comienzan a explorar sus opciones, y comienzan a hacer listas de reproducción con grupos indie como The XX, Chromeo y Sam Smith.

Ya en los treintas, la música comercial representa una proporción cada vez más pequeña de los hábitos de streaming del usuario. Y para el oyente medio, alrededor de los 33 años de edad, sus gustos han madurado, y los grupos que se han consolidad en sus gustos musicales son quienes van a orbitar alrededor de su sistema musical el resto de su vida.

A los 33 años en promedio, el gusto musical se estabiliza y comienza un laaaaargo estancamiento. A eso le llamamos: gustos musicales de treintañero, donde la terrible consigna: “la música de mis tiempos era mejor”, comienza a aflorar de forma frecuentemente.

 

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Según el estudio, titulado Music was better back then, que puede consultarse en la web de Skynet & Ebert.:

“Hay dos factores que conducen a esta transición lejos de la música nueva y los hits de las listas comerciales. En primer lugar, la inquietud de los oyentes a descubrir géneros musicales menos conocidos que no se encuentran en la radio FM y con un rango de popularidad más bajo. 

En segundo lugar, los oyentes tienden a volver a la música que era popular cuando eran menores – pero que anteriormente eliminaron debido a su excesiva popularidad “. 

Según esta investigación: “Mientras que el gusto musical de los adolescentes está increíblemente dominado por la música más popular, esta proporción va disminuyendo drásticamente durante la veintena, antes de que su gusto madure cuando pasan a los 30 años”. “Hasta sus primeros treinta, la música mainstream representa paulatinamente cada vez menos proporción en sus escuchas. Y para el oyente medio, a mitad de la treintena, su gusto ha madurado y ya es lo que va a ser”, sentencia el estudio.

 

Sin embargo, la disminución de los populares de streaming de música es mucho más pronunciada para los hombres que para las mujeres. Mientras que los hombres caen en picado a partir de la adolescencia y salen de la órbita de la música nueva a los 33 años, las mujeres muestran una disminución lenta y constante en torno a la música nueva que escuchan entre los 13 y 49 años.

 

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Se ha ubicado los 33 años de edad como el momento en el que el escucha promedio se encuentran con el efecto “candado” en el que deja de escuchar música nueva o éxitos populares para concentrarse en la misma música que conocen.

El concepto de congelación del gusto musical no es exclusivo de los hombres. Pero es sin duda mucho más fuerte y se incrementa notablemente con la paternidad, ya que la presencia de niños acelera el alejamiento del centro de la gráfica, reemplazando la música nueva por selecciones de música infantil.

Sin embargo, esos mismo padres vuelven a acercarse ligeramente a las novedades musicales y los hits comerciales cuando sus hijos entran a la adolescencia e influyen nuevamente en el gusto musical de los usarios entre los 30 y 49 años

Según las proyecciones de Spotify y las disqueras con las que tienen acuerdos, el futuro de la música está en el Big Data y las Playlists personalizadas. En cuestión de años las listas de reproducción sustituirán a las radios comerciales a los networks y a los álbumes. Los millones de datos que sirven para predecir qué canción será un éxito en el mercado también se están aplicando a los Festivales musicales.

En el Festival Sónar 2015 de Barcelona, se utilizará el big data: con múltiples sensores van a seguir los smartphones del público para saber qué uso hacen del espacio, cómo se mueven, dónde van. El futuro de la música se está proyectando hoy.

 

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