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Por Liss Montes / @Lissladocil

La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) celebró su XVI semana de autor en el DF. Ésta se lleva a cabo mediante cinco clínicas, cuatro en España y una en México con la mera intención de lograr el intercambio creativo entre los seleccionados y compartir con el público el resultado de sus colaboraciones.

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Fernando Zamorano (O Tortuga), José M. Salinas (Dapuntobeat) y Santiago Mijares (Big Big Love) representando la tendencia mexicana y, por parte de España, la contribución fue de Lucía Scansetti, Canijo de Jerez y Kiko Veneno; todos coordinados por Camilo Lara de Instituto Mexicano del Sonido.
Trabajaron por dos semanas en parejas para finalmente, mostrarnos el resultado final en un concierto el pasado sábado @ CCEMX.

Escuchamos principalmente tres propuestas distintas, posiblemente por la similitud cultural que, aún a la distancia, existe entre España y México; el resultado fue una mezcla de tres aspectos diferentes de la música. Y no porque fueran drásticamente diferentes, más bien, cada una proponía una personalidad diferente en cada uno de sus matices.

Por parte de Lucía Scansetti y Santiago Mijares pudimos escuchar una propuesta rica en elementos electrónicos y versátiles, propositiva en el sentido de escuchar melodías por demás armoniosas y llenas de matices; desprendieron una química que se extiende más allá de los elementos musicales, es decir, no sólo en el aspecto meramente melódico; de igual manera encontraron la forma de contraponer sus voces para crear atmósferas. Algo así como contraponer la sensibilidad de una voz sumamente femenina y una voz masculina ambientada por los elementos melódicos con tintes electrónicos.

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Fernando Zamorano y El canijo de Jeréz llegaron determinados a poner a bailar a los asistentes. Su propuesta consistía más bien en un rock-pop bailable, no confundir con simplón; su complejidad consistía en presentar armonía entre los beats retacados de batería y las guitarras acidosas y distorsionadas para lograr algo que no sólo inyectaba energía instantánea, también presentaba una mezcolanza entre el rock español ya tradicional y el sonido urbano que representan las bandas capitalinas.

Al final, el resultado fue exquisito. Se supone que parte de este experimento fue dar una idea de hacia dónde iban las tendencias musicales entre dos países que, a través del tiempo han permanecido conectados culturalmente.
Si ellos son el futuro de la música (por lo menos en nuestro país), estamos dentro.





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