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La pregunta ha surgido más de una vez en diferentes ocasiones. Yo mismo me la he hecho y desde hace meses he buscado diferentes respuestas. Antes de profundizar en ellas conviene definir cuales son esos géneros musicales que comúnmente se denominan: nacos, corrientes, musicalmente pobres y muchos adjetivos más.

Casi siempre caben aquí géneros como el Reggaeton, la música grupera, el pasito duranguense, cierto tipo de cumbias, la banda norteña, el narco-corrido e incluso algunos exponentes de rock urbano y Hip Hop. A últimos años podemos hablar de exponentes como Banda Limón, Pitbull, Los Temerarios, Thalía, también algunas canciones de Shakira o Jennifer López.

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Ahora bien, tratemos de dar una explicación a por qué algunos de los géneros aquí expuestos resultan denostados y quedan en una categoría de música inferior. Veo principalmente dos razones, ambas discutibles por supuesto.

La primera es una razón sociocultural y la segunda es una razón estética.



Socioculturalmente, el clasificar estos géneros dentro de la “música mala” tiene que ver con ciertos paradigmas, clichés y prejuicios de clase. Se ha dado desde tiempos remotos. Desde el Renacimiento hasta fines de 1800, la educación musical estaba fuera del alcance de las masas populares, normalmente era únicamente la aristocracia quienes podían pagar a un músico exclusivamente dedicado a componer y tocar o un ensamble personal para disfrutar cotidianamente de la música. De ahí que la música popular normalmente gozaba de poca sofisticación en términos de arreglo, composición y ejecución.

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Esto evidentemente servía como una excusa más para abrir la brecha entre ricos y pobres, posiblemente quedó en el inconsciente colectivo que solo la música de los ricos era la “buena” y la que se daba por válida.

Este esquema de pensamiento permanece en nuestros días, sin embargo el que ciertos géneros musicales sólo sean del gusto de gente perteneciente a determinado estrato social es una razón más de forma que de fondo y nada tiene que ver con lo musical. Prueba de ello es cómo de unos 20 años a la fecha, a partir del grupo Bronco posiblemente y de ciertos empresarios ricos del norte del país que se confesaron admiradores del género, determinados géneros musicales se “validaron” dentro de sectores socioeconómicos privilegiados y dejaron de ser “nacos”. Repito, el que cierto género musical goce de mayor o menor popularidad dentro de un determinado nivel socioeconómico no es en absoluto un parámetro de valor musical.

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Ahora bien, la segunda respuesta que para mi es más razonable, tiene sus bases en la estética musical. En este esquema de pensamiento no podemos hablar de música buena o mala, simplemente de las características que tiene cada género.

Muchas piezas de los géneros arriba mencionados, si bien tienen los elementos suficientes para entenderse como música: Melodía, ritmo, armonía. No han conseguido desarrollar alguno o algunos de estos tres elementos al mismo nivel que otras piezas musicales. Hay que entender que los tres elementos fundamentales de la música aquí expuestos están trabajados de una manera profunda en ciertos estilos musicales que llevan años en el gusto del inconsciente colectivo, no importa el género, tanto Brahms como Pink Floyd o como Agustín Lara, han tenido la labor musical de siempre buscar una excelencia en su trabajo, buscando mejores melodías, ritmos más interesantes o progresiones armónicas fuera de lo convencional.

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¿Qué sucede con los géneros como el reaggeton, la banda o el grupero? Caen en niveles muy básicos de desarrollo armónico, rítmico y melódico. Un ejemplo claro de ésto fue ese tema conocido como El Sonidito. Rítmicamente ofrece un pulso de percusión repetitivo sin ninguna variación. Armónicamente sólo hay un acorde y melódicamente una sola nota. Esto da pocas alternativas de cambios en el discurso musical, además la combinación de los elementos es similar a lo que un niño de un año logra al pulsar de manera repetitiva una tecla en su piano de juguete. Ese es el ejemplo más claro, de ahí habrá canciones que varíen estos tres elementos musicales en mayor o menor medida.

Ahora bien, ¿De qué forma podemos aprender a valorar ciertos géneros musicales si no tenemos un referente? Imaginemos a un individuo que nunca en su vida escuchó hablar, ya no digamos de Mozart, de los Beatles por ejemplo y que solamente ha escuchado la música de la radio comercial que pertenece a los géneros arriba expuestos. Tendrá un vocabulario musical muy básico, es por eso que entiende solo aquellos géneros que se expresen con ese vocabulario, y son desafortunadamente géneros muy limitados en lo que tienen que decir. Ahí radica la pobreza musical que ofrecen esos géneros.

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Pero por otro lado, la música tiene tal atractivo que cuando en verdad escuchas con atención, buscas cada vez más formas de establecer una comunicación con ella. No necesariamente se necesita ser músico para buscar distintas formas de expresión musical, alguien que verdaderamente goza escuchar música puede fácilmente saltar las limitaciones de los géneros pobres y poco a poco exigir más sofisticación en lo que escucha. Y será una búsqueda legítima, más allá de poses y perjuicios de clase. De ahí la importancia de tener una vida acompañada de música, tan importante es como saber leer y escribir.

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