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Sería ingenuo pensar que nadie anticipó la prematura muerte  de la cantante Amy Winehouse, quien esta mañana fue encontrada muerta en un su casa de la ciudad de Londres. Lo que es injusto en todo caso, es la presunción de que su muerte a los 27 años (aun sin causas comprobadas) se debió a su irresponsable abuso en el consumo de drogas,

La verdad es que  la vida de Winehouse siempre estuvo marcada por sus adicciones, por el stress y sus desequilibrios emocionales que son patologías evidentes de una persona que necesita urgentemente tratamiento, atención y descanso prolongado. Desgraciadamente, los compromisos agendados para una estrella de su calibre nunca permitieron su plena recuperación, tal y como cuenta la letra de su mayor éxito: “Rehab”.

Apenas el mes pasado, Amy Winehouse tuvo que cancelar su gira europea, después de haber sido abucheada en su reaparición en Serbia, tras subir al escenario en visible estado de ebriedad.

Lo que deja la cantante británica a su paso por este mundo son dos discos  impecables (“Frank” y “Back to black”) en los que su potente y deslumbrante voz no tuvo rival en los generos que interpretó y que tradicionalmente pertenecían a las luminarias de la comunidad negra.



Es lamentable el fallecimiento de Amy Winehouse, particularmente por el injusto trato que le dieron a su carrera los medios, siempre ansiosos de encontrar la nota morbosa, los insistentes promotores de conciertos, e incluso sus “fans”, quienes en varias ocasiones cruzaron apuestas en torno a la fecha de su muerte.

El día de hoy, Amy decidió cortar el último hilo que la ataba de un pie con este mundo para elevarse a un plano superior de manera definita.

Descance en paz, Amy Winehouse 1983 – 2011.

 

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